El afán de Thomas Hobbes

 

 

Thomas Hobbes[1] forma parte de los grandes pensadores y teóricos políticos del siglo XVII. De origen inglés (Westport, England 1588 – 1679), Hobbes se formó durante algunos años en Oxford y a pesar de que no tuvo una trayectoria muy definida reflejaba en sus libros su genio y curiosidad hacia la filosofía y la política.

Su obra maestra, Leviathan, está considerada con el carácter de pedagogía política donde Hobbes alude a la noción del gobierno legítimo. El libro está escrito en un momento de muchos desconciertos en la Europa occidental y entra dentro de los libros más conocidos sobre el arte de gobernar comparándose con El príncipe, Razón de Estado y más.

Elegí escribir la frase en inglés por dos razones principales: primero es para crear un ambiente más internacional[2]; y segundo porque la denominación Commonwealth no se traduce muy bien al español. La traducción que utiliza Carlos Mellizo (Leviatán, 1999) es “República” pero con ésta falta el importante matiz de la composición de la palabra Common (común, en el sentido de global, universal) y Wealth (riqueza, en sentido de material). Por tanto, he utilizado precisamente este matiz para enfatizar primero la relación entre las dos palabras, o sea, entre la sociedad y la materia, dos conceptos que cada uno tiene importancia por sí, pero al mismo tiempo son los dos que construyen una república. La teoría política de Hobbes sirve hasta hoy como una base importante para el entendimiento de la reflexión diacrónica del lugar del estado en nuestra vida y viceversa.


[1] Este retrato de Hobbes fue hecho por John Michael Wright (1617-1694) y está ubicado en National Portrait Gallery en Londres.

[2] He dado cuenta en varias ocasiones que al escribir cualquier reflexión del Siglo de Oro en español, los españoles creen, de manera casi instintiva, que se trata de reflexión de origen español.

¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?

Felipe Pedraza Jiménez de la Universidad de Castilla la Mancha nos presentó en el congreso I Jornadas navarras de Teatro Clásico (día 30 de julio, Olite) uno de sus recientes estudios relacionado con el fratricidio político representado en el teatro áureo. De hecho, en una perspectiva más amplia, los asuntos familiares eran (y todavía lo son por supuesto) un tema bastante buscado en el teatro español. Como afirma Pedraza, el teatro peninsular, que tiende al teatro aristotélico de simpatía, buscaba más afecto que sus vecinos italianos con su gusto al efecto.

De hecho, uno de los ejemplos de obras que tratan de este tema es Los cabellos de Absalón de Calderón de la Barca (también estudiado por el querido amigo y colega Adrián Sáez) fue la representación de la historia bíblica de Absalón y David. Absalón, nos cuenta Pedraza de la Biblia, mató a su hermano Amnón tras haber violado a su hermana Tamar. Los siguientes sucesos entre Absalón, su padre el rey David y el valido (o más bien ministro de guerra), Yoav, fueron un apasionado encadenamiento que afectó la política de todo un pueblo, el pueblo hebraico.

Tal ponencia me provocó una reflexión sobre la estructura familiar que muestra una diferencia sicológica y por tanto, literaria, según el orden de nacimiento en la familia. Surge la pregunta si se puede establecer un leitmotiv en la literatura bíblica que imita la vida real. Se ve efectivamente un constante modelo de hijo menor que tiene que sufrir por las manos del hijo (hijos) mayor hasta llegar a ser una figura más grande y respetada, parte por el su distinto aprendizaje que tuvo de pasar como resultado de la negación e distanciamiento.

Les propongo una rápida revisión de ejemplos más conocidos en las historias bíblicas por su violencia y desacuerdo fratricidio:

  • Caín y Abel – No hace falta alargar
  • Sem, Cam y Jafet – los hijos de Noah. Cam, el pequeño, fue condenado junto con sus descendientes a servir a sus hermanos y sus descendientes por ver la entrepierna de su padre cuando éste estaba desnudándose en un momento de embriaguez. Sin embargo, como en cualquier buena historia, él acabo siendo el padre de uno de los pueblos más importantes en la zona hasta la llegada de los hebreos.
  • Jacob, el hermano menor de Esaú – Para llevar la herencia y motivado por Dios, Jacob engañó a su padre, Isaac, y por tanto tuvo que escapar de su hermano casi toda su vida.
  • Moisés y su hermano mayor Aarón – Aarón era el hijo mayor pero es el joven Moisés que Dios eligió para liderar Israel.

 

                                                                                        Yad Absalóm, Jerusalém (2010)

Ahora bien, si seguimos la historia de Amnón, Tamar y Absalón, relacionada con la visión global de hermano mayor vs menor, nos puede resultar interesante el hecho de que al final es el hijo menor de David, Salomón, quién acaba siendo coronado. Además, el rey Salomón es el rey más valorado según la tradición hebraica. Una perspectiva que lo considera como el más sabio rey que jamás existió.

[La conocida frase que he puesto como título está traducida de Génesis 4 9 (“השומר אחי אנוכי”).]