El llanto de Pleberio, voces y receptores

Es interesante notar cómo la voz de un padre es lo que puede denunciar el origen judío de la obra, un padre que se lamenta por la mala suerte infligida a sus hijos. Es, quizá, la condena de la sangre. Por ello, existe un conocido refrán tomado de la Gamra que habla de una situación parecida, el refrán dice:

“אבות אכלו בוסר ושיני בנים תקהנה”[1]

Esta filosofía la encontramos desde la primera pareja (según la creencia judaico-cristiana) personificada por Adán y Eva. Es decir, por su pecado, sus hijos, sus nietos y todas las generaciones posteriores están condenados a una vida de sufrimiento fuera del Paraíso.

De hecho, en ambos personajes de Pleberio y de Agi Morato podemos ver el proceso de ‘culpabilización’ del padre por la consecuencia de sus actos aplicada a sus herederos. Por lo tanto ¿Podemos suponer que durante el siglo de oro, existía una búsqueda del verdadero culpable?  ¿Quién es el dicho padre por el cual hay que sufrir? Y al nivel metafórico, ¿podemos relacionar al padre con la primera pareja y a Melibea con las generaciones posteriores? Desafortunadamente estás preguntas quedarán abiertas.

Ahora bien, podemos presumir que las voces son el silencio, son el sentimiento provocado por la lectura del llanto. No podemos sino pensar en la reflexión estimulada después de 41 preguntas, interrogaciones presentadas por Pleberio (entre las cuales 6 solamente en el último párrafo). Claro está que estas preguntas provocan numerosas reflexiones en el lector, el receptor.  Puede ser que  como parte de lo que dice la crítica se trate de un discurso moralizante, que inspira miedo a la gente en cuanto a relaciones sexuales fuera del matrimonio o pecados en general. Sin embargo, dándonos cuenta de la nueva crítica, puede también que la intención de la colectiva sea más hacia la autocrítica religiosa y/o estatal y social. Siguiendo este pensamiento, la auto-conciencia, la mirada del otro (según la filosofía hegeliana) etc se transforman en temas aún más dominantes que el etnocentrismo de la obra.

En cuanto al receptor es cualquier quien quiere escuchar, lo que corresponde a lo que hemos dicho en cuanto a la escritura en colaboración. Los autores escriben, después publican, y allí, el texto pierde su autoridad y se transforma en la responsabilidad del lector. Así que si no existe una doctrina cristiana muy clara ni judía ni conversa (y por supuesto ni musulmana ni otra religión) en la obra, todo parece ser más bien una mezcla, una amalgama de varias tradiciones y pensamientos. En esta mezcla yace también el éxito de la obra, como en la diferencia lingüística en el dicho llanto, entre discurso popular y elevado (i.e. “nuestro gozo en el pozo”). Podemos notar que la obra está destinada a todos, sin consideración de religión, estatuto social o familiar. Está destinada tanto a cualquier persona como a su otro. A lo mejor es precisamente por este poder manipulador que podemos relacionarla a escritores de origen judío.


[1] Traducción literaria: « padres comían pudrimientos y los dientes de los hijos se amarillendaban”, Gmara, Seder Nezikin, Masehet Sanhedrin, pg. 39, a.

 

Anuncios

Mucho más que un simple Bufón

Para intentar reflexionar sobre el bufón no puedo sino pensar primero en su rol en la sociedad. ¿Para qué necesitamos un bufón? Borges dice en el Aleph: “también imaginaron que nuestros actos proyectan un reflejo invertido, de suerte que si velamos, el otro duerme, si fornicamos, el otro es casto, si robamos, el otro es generoso.” Así que si mi Otro es el malo, aún si refleja mi propia maldad, yo soy el bueno. A veces parece que buscamos y acercámonos al desafortunado para ampliar nuestra perspectiva, nuestra escala de las concepciones en la cual nos situamos.

Por no vivir tanto tiempo en la edad media admito con toda paz que mi punto de referencia en cuanto a mis estudios es más de hoy en día. Por tanto, cuando pienso en lo bufonesco, pienso directamente en un grupo de títeres en forma humana que burlan de los hombres en poder, de los políticos, famosos, celebridades. El británico Spitting Image, el francés Les Guignols de l’info. El español (basado del mismo modelo), Las noticias del guiñol, y el Israeli Hartzufim. Este interesante fenómeno es la versión evolucionada del bufón pero lleva el mismo rol con diferente destinatario. El programa fue una evidente sátira de asuntos que deben ser tan serios. El fenómeno de los títeres afecta mucho a la sociedad, frases que se transforman en dichas populares, un acceso más popular y simple a la política del estado, es la sátira bufonesca.

Aparentemente, ya desde los orígenes de los bufones conocidos existía este tipo de celebridad acerca de lo bufonesco en la corte. Son, en algún modo los emisores del pueblo dentro de los hechos reales, son a veces la voz del pueblo.
En el Arte del Clown dice: “Los clowns que actuaban como bufones de corte tenían gran libertad de palabra y critica. A menudo eran los únicos que podían expresarse contra las normas sociales del gobierno, e incluso su humor podía llegar a afectar y cambiar la política del gobierno.” Sobre el año 300 a.c. el Emperador Qin Shi Huang revisó la construcción de la Gran Muralla China. Miles de trabajadores fueron asesinados o morían de cansancio durante su construcción. El emperador planeaba también pintar el muro lo que hubiera provocado la muerte de otros muchos miles. Su bufón, Yu Sze, fue el único que se atrevió a criticar su plan. Yu Sze, bromeando, le convenció al gran rey a abandonar su idea magnánima. El emperador al fin cedió, ahorrándose con ello muchos años de trabajo y muchos más sacrificios humanos. Yu Sze es recordado hoy en China como un héroe nacional.

Uno de los más famosos bufones de las cortes Europeas fue Nasir Ed Din. Un día el rey se vió en el espejo, y triste por lo viejo que se veía, echó a llorar. Los demás miembros de la corte decidieron que lo mejor que podían hacer era llorar también. Cuando el rey paró de llorar, todos pararon de llorar, excepto Nasir Ed Din. Preguntó el rey a Nasir por qué el continuaba llorando, replicó el bufón: “Señor, tú te has visto a ti mismo en el espejo sólo por un momento y has empezado a llorar. Yo te veo todo el tiempo”.

                                                                                                           El bufón Calabacillas (Diego Velázquez)

* Pintura de arriba: El enano Sebastián de Morra, por Velázquez.

Más sobre el bufón también se puede leer esto.

Shai Cohen

Un tapaboca llamado Mateo

Mateo Lisón y Biedma escribió El tapaboca que azotan (1630) bajo el apodo Bachiller Ignorante[1]. Lo escribió como respuesta a la obra de Francisco de Quevedo El Chitón de la Tarabillas (obra escrita como parte de la campaña propagandista del valido).

A lo largo de toda su carrera Lisón predicaba para el bien de la República y contra la corrupción y el mal uso de los dineros públicos. Por ejemplo, en un episodio descrito en manuscrito ubicado en el Archivo Municipal de Granada, se relata como el Cabildo de Granada deseó gastar una cantidad importante en recibir el arzobispo de Sevilla. Lisón, el procurador,  se negó, diciendo que ese dinero era para obras públicas, y como consecuencia acabó en la cárcel por orden del aguacil pidiendo que reflexionara otra vez sobre materia de obligaciones.[2] Pese a este incidente siguió con las acciones y voces en contra de las maniobras de corrupción. El experto economista no renunció a sus principios y persistió hasta el final de su vida intentando influenciar en el gobierno para una mejor conducta fiscal y mayor conciencia social.

Lisón ofrece en su Respuesta 19 remedios para curar la situación socio-económica. Algunos de los remedios ya se han visto en previos arbitrios y otros pueden aparecer con cierto matiz novedoso. Elliott los resume diciendo que el granadino proponía “moderación fiscal, proteccionismo económico, reducción de los gastos en las casas reales, restricciones suntuarias y esfuerzos para poner a atrabajar a las personas pobres y sanas.”[3]

Lisón se enfrenta a Quevedo pero como se verá algunos años más tarde con el cambio de ánimo político de Quevedo, los dos van a compartir algunas ideales claves en cuanto a la manera de como hay que gobernar. Para los dos, si el Rey es el soberano elegido por Dios, debe gobernar solo, el privado es un consejero entre muchos otros[5] y no debe usurpar el poder totalitario[4].

Por último, “todos los miembros de la república han de acudir a conservarla y defenderla, como a cabeza en quien consiste la virtud de que han de participar.” Lisón dijo que hay que ayudar al Imperio, y todos deben compartir para no caer en “crimen de patricida”.[5] Tras esta declaración, el desterrado ex-funcionario cataloga las múltiples funciones del gobierno y la contribución bien calculada de pagos anuales de sus sueldos, para algunos, hasta un gaje entero cada 5 años (con tales ideas no es muy sorprendente que no es tan conocido como debería ser).


[1] Aunque Astrana Martín sugiere que la obra fue escrita más bien por un religioso al servició del privado. Chitón, 1998, pp.23-24. [2] Vilar, 1971, p.272. [3] Elliott, 1991, p.417. [4] Segúnla Historia de España de Menéndez y Pidal Felipe IV tuvo 187 secretarios del rey (al contrario de 12 para Carlos I o 50 para Carlos II (1982, Tomo XXV, p.119). [5] Vilar recalca la identificación de Lisón con su ideal de República (Vilar, 1971, p.291). En cuanto a Quevedo, la opinión se volvió en obsesión contra la idea de manipulación, hipocresía y tiranía (Jauralde, 1986, p.55). [6] Astrana Martín, 1945, p.609.

el texto, Lisón y Biedma, El Tapaboca que azotan

El valido en el vientre de la ballena

El final de la primera mitad del siglo XVII fue un final decisivo para el entendimiento de la filosofía política. Fue un tiempo de trastornos de todo tipo: políticos, económicos, bélicos y por supuesto, lo que está, y siempre será, afectado por aquello, social. Gran parte de los avances que a partir de estos momentos se iban integrando en los conceptos estatales y monárquicos fueron a partir de conclusiones sabiamente destacadas de conductas y mentalidades de estadistas fallados. Tal reconocimiento y trabajo de trasmisión podemos atribuir a la parte más palpable de la polifacética cultura en aquellos momentos, o sea, a los literatos. Más precisamente, tanto bajo la monarquía española como en los otros países europeos el sistema del valido empezó a cambiar. El Conde-Duque de Olivares, valido del rey Felipe IV, se retiró en 1643; un año antes, el cardenal Richelieu, secretario de Estado falleció y fue restituido por el cardenal Mazarino; En Gran Bretaña George Villiers, más conocido como el duque de Buckingham sustituyó el gran favorito de la reina Isabel, Robert Cecil. Tales nombres que desde entonces hasta hoy protagonizan los libros, tanto históricos como de ficción, son de referencia, justificada o no, para el abuso del poder.

No se puede negar (y de hecho, últimamente nadie intenta) la relación entre el comportamiento de los distinguidos y capaces hombres arriba mencionados y el estallo de literatura activista proviniendo del pueblo hacia los poderosos (en vez de la clase alta, la dominante, hacia el pueblo, como fue la costumbre durante muchos siglos). Una literatura que tiene raíces durante el siglo XVI pero alcanza un auge muy visible e incontestable en el siglo XVII. En España, surgió una tradición de poemas satíricos, panfletos y libelos insultantes, memoriales elaborados y tratados conclusivos acerca de la conducta de la autoridad. Literatura parecida apareció en las vecinas monarquías. De hecho, se puede fijar en varios textos que además, siguen impactando y contribuyendo a la filosofía política incluso hasta hoy en día.

Uno de dichos textos es la obra maestra de Thomas Hobbes, titulada Leviatán. El propio título alude al sujeto animado del libro, la figura política, la autoría en el mando del poder ya que el libro se trata de la visión de un consejero de Estado. Leviatán en hebreo significa ballena[3], el animal más grande recorriendo los mares de nuestro planeta.

Ahora bien, por ser hijo de un vicario eclesiástico Hobbes fue educado en la Biblia y de hecho acabó ser un creyente. Por tanto, en mucho de sus escritos relacionó su filosofía con la creencia en Dios. En este caso, la historia bíblica, como sabemos, cuenta lo ocurrido al profeta Jonás en el vientre de la ballena, O sea, el hombre quien fue consumido, engullido por la ballena. Este impresionante mamnífero, según Hobbes, es la Commonwealth, el Estado, la República (“ese gran Leviatán que llamamos República, o Estado, en latín Civitas”[1]). La alusión a la ballena puede referirse a dos distintas razones que en algún modo se completan: La primera es según las representaciones iconográficas, la boca de la ballena como la puerta al infierno. De tal forma, el hombre tragado por la ballena, metafóricamente entrando en la política, está condenado para siempre. La segunda alusión posible y más optimista es que la ballena en Jonás fue enviada por la bondad y la gracia de Dios como mensaje de salvación, o sea, para salvar al hombre. De está forma, Hobbes alude a que su obra maestra y los consejos ayudarán a los tienen las riendas del poder mejorar su conducta y decisiones que formas el mundo.

Otra metáfora, quizá desde un punto de vista más contemporáneo, es la más natural (Hobbes también refiere mucho a la naturaleza y su poder en la vida del hombre). Una ballena es grande y poderosa pero a pesar de sus calidades potentes de dominio y supremacía, es un animal muy social. Una ballena se encuentra en soledad muy raras veces, principalmente, cuando estando enferma y a punto de morir. De hecho, en una ballena funcionan ciertos aspectos cerebrales similares a los de un hombre, especialmente los que crean la conducta social en cuando a la emoción, juicio etc. Además, tomando en cuenta de que una ballena fue hace millones de años un animal terrestre[2]. Por supuesto no se trata de información sabida por el gran político pero sí que era muy astuto en aplicar esta palabra que corresponde tanto a su obra escrita.


[1] Hobbes, 1999; p.13. la Introducción. Sigue diciendo: “que no es otra cosa que un hombre artificial.”

[2] Tiene una cadera que muestra que antes caminaba en tierra firme y era algo similar a un elefante enorme. http://www.solociencia.com/arqueologia/08102901.htm.

[3] Por manera que se entiende ser el mayor pez de cuantos cría el mar, y ser el mesmo que los hebreos llaman leviatan; vide Genebrardum, psalmo 103, a donde la Vulgata vuelve «Draco, iste, quem formasti ad illudendum et omnia a te spectant ut des illis escam in tempore». Dragones se llaman los peces grandes, y en particular la ballena, que en el mesmo lugar el hebreo y el caldeo tienen leviatán.