¿La historia se repite? depende a quién preguntamos…

La semana pasada he ido a escuchar un ciclo de conferencias sobre la economía en los países en vía de desarrollo. Un tema repetido en las conferencias ha sido la interacción e interdependencia entre el mundo llamado occidental (países desarrollados) y aquellos. Los participantes han sido hombres y mujeres de diferentes posiciones laborales que tratan del tema (economistas, académicos, teoréticos, de la ONU y creo que algunos políticos o ex político). Primero quiero felicitar a los organizadores de ICS por sus habilidad de juntar personas de alta nivel y consideración en el ámbito tratado. Creo que la diversidad y procedencia de los participantes era un factor clave en el éxito de esta semana (hasta una vídeoconferencia con las Filipinas).

Personalmente, yo he ido porque gran parte de mi tesis está relacionada con la economía, o mejor decir, la situación económica durante la primera mitad del siglo XVII y por tanto, tengo mucha curiosidad (y necesidad) de entender como funciona este esquivo animal. Así que, en los últimos dos años estoy leyendo esporádicamente sobre economía, o mejor dicho, las políticas económicas, ya que dejo a las formulas con letras, números y términos de matemática a los expertos.

Es así que escuchaba en aquella semana de desarrollo a algunos de estos expertos que trabajan in situ e investigan las causas y resultados de la pobreza (o mala economía simplemente). Expertos, cuya función principal es pensar en la razón y efectos de la desdichada situación, deduciendo posibles respuestas.

Sin embargo, quiero destacar un episodio que me ocurrió allí y que me fue un recordatorio de lo que se puede percibir en ciertos momentos como una de las razones principales de aquellos problemas.

El episodio empieza con una charla en la que uno de los investigadores ha hablado de las cadenas del valor global y la necesidad de un cambio en la infraestructura y el medioambiente económico. Es decir, más que modificar los procesos burocráticos (bajar o aumentar tarifas y tasas, aplicar procesos o bien omitir intermediarios que tratan de los bienes), en los peores tiempos resulta más eficaz cambiar los factores principales del sistema económico.

El investigador ha apoyado sus argumentos con cifras impresionantes con diferencia de hasta el 30% entre el simple cambio de tarifas y permisos y el cambio más amplio del medioambiente comercial (a favor de este último por supuesto).

Por mi parte, estaba muy contento aprender estos datos ya que en cierto modo confirmaron lo que había planteado en mi tesis con las acciones del Conde Duque de Olivares. De hecho, al sustituir los banqueros genoveses por los portugueses, renovar la educación de los nobles y aspirar a una unión en los territorios españoles, intentó cambiar el sistema económico desde su fundamento.

No obstante, había un fallo en el plan del gran valido, una perspectiva imprevisible que los economistas suelen omitir, o en lo mejor de los casos, subestimar. Se trata de la reacción de la sociedad. Es decir, un tiempo de adaptación es necesario ipso facto cambiar la infraestructura. Por positivos que sean la acción y el cambio, si está en contra de la corriente social, aumenta la posibilidad de un fallo (obviamente hay más factores no menos importantes pero eso será el tema de otra conversación).

Hasta aquí todo está perfecto. Después de la charla encontré un momento para hablar con el investigador con el fin de escuchar su opinión sobre lo que planteaba. Le saludé, agradeciéndole por su sugestiva presentación y le dije que me interesa mucho porque ha conseguido mostrar como la teoría se refleja en la acción. El hombre se interesó y escuchó con atención, contento de que su charla me podía ayudar. Le comenté el tema del factor social, y me preguntó qué estoy haciendo. Le dije que soy doctorando en la universidad. Me preguntó qué estoy estudiando. No más le contesté, entendí que había hecho un gran error, le dije Filología, que estoy haciendo una tesis sobre un aspecto en el Siglo de Oro. Le seguí diciendo el tema pero ya él no estaba conmigo. Su actitud ha cambiado de repente y me encontré hablando conmigo mismo. Parece que surgió un muro hermético. Puede que ya no le interesaba más (probable) y puede que me categorizó como filólogo y por tanto… quién sabe.

Allí me quedé, esperando a una conversación apasionante sobre las teorías económicas, el comercio, cómo se puede aprender del caso del Conde Duque y aplicarlo a situaciones parecidas hoy en día (y hay más que una). Pero acabé siendo el raro filólogo, el único en una sala de economistas. El filólogo que está perdido… y no para aumentar la interdisciplinariedad…  Dios nos libre.

Y me pregunto siempre, ¿si seguimos tratar cada vez sólo un tema, qué importancia van a tener las soluciones más inteligentes y creativas si luego fallan por no interactuar bien con las otras disciplinas?

Así que ¿la historia se repite? obvio, si seguimos orgullosos con la idea de que lo vivido hoy es completamente nuevo, inédito y somos tan distintos del hombre más allá de… podemos decir 30 años atrás (sin hablar de 100 o más).

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Artículo publicado en actas JISO 2011, Crematística bajo la política olivarista: reproches, sueños y marranos

Hace ya un año y medio que he participado en mi primer encuentro JISO. Fue realmente un gran placer poder escuchar y compartir trabajos que más que investigaciones son parte importante de la nuestra vida en esta fase de doctorado.

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El trabajo que presenté fue un esbozo general que estudié para entender ciertos conceptos de base para mi investigación del segundo capítulo de la tesis, el que trata de los banqueros portugueses y su mal acogida en el territorio español. La verdad es que desde entonces he podido ampliar este conocimiento y añadir y corregir el trabajo publicado, y precisamente para eso aprovecho este blog, presentando resultados de mis investigaciones además de mis opiniones sobre diversos temas.

Y así empieza:

La figura del Conde-Duque de Olivares experimenta una ambigüedad de sentimientos, desde la admiración moderada a la repulsión. En este trabajo no intento descifrar los múltiples prejuicios que velaron y difuminaron la figura del famoso valido, sino estudiar la situación desde una mirada relativamente objetiva.

De hecho, en mi investigación doctoral, una de las cuestiones que surgen es: ¿cómo se puede calificar al Conde-Duque de Olivares frente al prejuicio público y sus torpes artimañas políticas? Sin embargo, no se trata de un análisis psicoterapéutico sobre su compleja personalidad sino, utilizándolo como el núcleo, el punto de partida para varios aspectos de interés que construyeron y constituyeron lo que fue la España decadente de la primera mitad del siglo xvii[1]. En este marco, uno de los aspectos que trato es la relación del privado con los banqueros portugueses.

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Otra parte de mi tesis aborda la escritura crítica y satírica sobre el valido, la situación degenerada de la monarquía y las múltiples opiniones en cuanto a las razones del decaimiento además de los posibles remedios. Así que, en el intento de entender mejor lo escrito, aprovecho para investigar las influencias, causas y razones. Es decir, sin entrar en términos estructuralistas, se puede afirmar que la literatura está relacionada con lo socio-político-económico. Por tanto, en este trabajo propongo analizar la literatura satírica sobre los asentistas portugueses. Dicho estudio evoca cuestiones como ¿por qué gozaban los judíos en general, y los banqueros portugueses en particular, de una fama de usureros y conspiradores? ¿Tiene fundamento real el mal uso de la crematística en manos de judaizantes? Y para terminar, ¿hasta qué punto tuvo la política económica de Olivares un matiz negativo y cuál fue su actitud frente a tales acusaciones?

Para ver el completo artículo en pdf

[1] Para el problema económico y la situación monetaria bajo el mando del Conde Duque ver García Guerra, 2005.

Breve introducción a la situación económica a principios del siglo XVII

Economía es una parte innegable y esencial de la sociedad, de la comunidad realizando la potencial de la interrelación entre los diversos miembros, fragmentos y segmentos. La economía es igualmente el verdadero espejo del príncipe, del arte de gobernar, ya que durante el buen gobierno, se enflorece y los habitantes prosperan, en cuanto a su contrario, los fondos se agotan, el hambre y la crisis reinan las calles y los campos y surge la tensión, rastreando con ella el crimen y el odio.

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En España, a lo largo de la primera mitad del siglo XVII, la situación económica llegó a ser un tema que causó un declive sustancial tanto al nivel nacional como internacional. Se han surgido problemas a partir de una acumulación de acontecimientos de un lado naturales y del otro, en consecuencia de la mala gestión administrativa. La decadencia se generaba mediante consecuencia de varias crisis, individualmente mal gestionadas. Algunos ejemplos son la baja en producción mineral proveniente del Nuevo Mundo y el declive de la industria y el comercio en el lado peninsular.

Otras crisis destacadas: alrededor de 1595-1601 había recesión agraria en varios lugares en el reinado español. Las crisis fueron causadas por el continuo descenso de comercio con América (empeoradas por la derrota de la Armada Invencible de 1588), las oleadas de peste y el cese comercial del eje Medina-Burgos-Países Bajos (esencialmente por la vuelta a las confortaciones bélicas tras el final de la tregua de doce años (1621) y el principio de la Guerra de los treinta años en 1618)[1]. Añadimos a eso los constantes problemas al nivel local entre los nobles gobernantes y el rey. Por ejemplo, el servicio de Millones (creado por Felipe II en 1591) que según reclamaban los nobles no fue sino impedimento a la recuperación y descenso económico. Además de la política de juros del estado.

A continuación, propongo los siguientes puntos para esbozar un panorama sobre la situación política, económica y social durante el siglo XVII. Estos puntos resumen tanto ciertos libros y artículos de investigación[2] como escritos de los arbitristas[3].

*  Fuerte despoblación, uno de los resultados fue tras las expulsiones (los judíos en 1492 y los moriscos en 1609), la incesante negativa inmigración (principalmente a las Indias) y las constantes guerras, todo aquello dejó las tierras desatendidas, comercio estancado y baja de circulación de mano de obra y transacciones.

*  Inversión en juros en vez de invertir en la actividad industrial y comercial, la gente afortunada invertía en el gobierno comprando su deuda. El juro ofreció más alto porcentaje y más ventajas comerciales frente a la actividad mercantil más bien especulativa e insegura (sobre este punto me detendré más en adelante por relevancia al tema de mi investigación).

*  Desproporcionados gastos de guerras, entre tanto para el magnánimo ideal de Olivares de unión general bajo la corona española (Unión de Armas[4]). Esta “política fiscal de guerra”[5] es esencial en las consecuencias destructivas y la incapacidad de recuperación. Es decir, el imperio español, rodeado por fronteras muy extendidas y a menudo ardientes, tuvo que gastar enormes fondos no solamente en la protección de las fronteras sino cada vez de nuevo en aplastar revueltas y rebeldías.

*  Explotación de la economía española por el oficio de asentistas (en particular, los genoveses), quienes tomaron ventajas de las necesidades del imperio por dinero en líquido.

*  La retirada de oro y plata del reino es un ejemplo de dichas ventajas. El oro y la plata eran la riqueza más sólida en la época y guardaron un equilibrio monetario frente a los otros reinos. Además, los necesitaban para mantener un buen nivel comercial ya que tenían que circular los metales dentro del Imperio. Sin embargo, los franceses, holandeses, ingleses y todos los reinos alrededor se apoderaban de dichos metales preciosos en cuando podían.

*  Fuerte inflación debido a la desesperada política monetaria, proviene principalmente de Olivares[6].

*  Escasez de mano de obra, además de la expulsión, entre el sistema de mayorazgo, los eclesiásticos y los hidalgos que el trabajo les parecía un hecho vil y despreciable, solo se quedaban pocos a realmente producir y engendrar economía.

Las bases que se manifestaban mediante los acontecimientos siguen a una mentalidad en aras del cambio que, en parte, fue lo que promulgó el final del sistema feudal tan solo un siglo antes. Este movimiento, hacia la centralización por unión sigue siendo una de las teorías económicas más importantes. Una economía en la que su primer modelo es el mercantilismo, o sea, en el cual las actitudes de las personas ante el hecho económico. En términos más recientes, aunque algo anacrónicos hablando de finales del XVI, principios del XVII, se puede aludir al primer capitalismo[7]. El espíritu en capitalismo es, en parte, la necesidad de instituciones (principalmente el estado), ya que sin instituciones no hay sociedad, no hay un cuerpo orgánico en el cual el movimiento es su primer incentivo. Es decir, los individuos (también agentes o empresarios) responden a un entorno enfrentándose a la sociedad estamental.

mercadoEste sistema en construcción requería un esfuerzo del parte de las instituciones establecidas, ya que se genera la creación del monopolio. O sea, un privilegio dado sea por la institución sea por el mercado (los consumadores). En el caso del Conde Duque, siendo la institución, era una clave de negociación para conseguir apoyo a sus proyectos. Su capacidad de gobernar no le bastaba frente de la visión del dinero que distorsiona la perspectiva de lo importante. El dinero se trasforma en la mejor herramienta para llevar a cabo los ideales.


[1] Puntos mencionados en Etreros, “Bibliiografía de sátiras contra el Conde Duque” en, p.173.

[2] Para un estudio más detallado se puede referirse a: A. Domínguez Ortiz (1984), J. H. Elliott (1991), Hamilton (1949), G. Enciso (1986), Colmeiro (1863), J.Boyajian (1983), G. Guerra (2005), Gutiérrez Nieto (1996).

[3] Martín González de Cellorigo es sin duda la fuente esencial tanto para los investigadores mencionados como para los propios arbitristas.

[4] Aparentemente, como en los casos precedentes, los arbitristas, procuradores y ministros reclamaban un tal proyecto o diferentes medidas con este fin. Elliott da el ejemplo del conde de Salazar (presidente del Consejo de Hacienda) que en el 2 de diciembre de 1618, decía la falta de contribución de los reinos de Aragón, Valencia y Cataluña. También el Consejo de Castilla repetía esta llamada la atención en febrero de 1619. Además, Elliott y de la Peña citan a Pedro Fernández de Navarrete de su Conservación de Monarquías refiriéndose a la importancia de la unidad económica. (Elliott y de la Peña, 1978, Tomo I, p.174).

[5] Gutiérrez Nieto, 1996, p.460

[6] Se puede imaginar el precio de un pan valía un día 90 céntimos y una semana después 9 euros, lo que por supuesto creó una situación precaria.

[7] Puntos destacados del libro de Enciso, 2012.

Un punto sobre corrupción y abuso del poder

En una época de gritos contra la corrupción y el abuso del poder, hay que recordar que en primer lugar, muchos de los abusos son reacciones o actuaciones que bajo ciertas circunstancias es el razonamiento de las personas lo que les está permitiendo seguir adelante con la surgida oportunidad. Es decir, es esta línea limítrofe entre lo aceptable por el rango y lo abuso por lo mismo que basta con una buena explicación para cruzarla. Aunque no se trata de la culpa, ni del sentimiento de culpación.

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La costumbre de juzgar tras simples denuncias generó desconfianza en la veracidad y la eficacia del sistema inquisitorial. De tal forma culparon a algunos inquisidores que tras falsas y ridículas denuncias, se aprovecharon para juzgar severamente sin suficientes pruebas solo para devolver un favor, hacerse un deudor o, lo que fue la menuda ocasión, solo hacer lo necesario para recibir el “justo” pago para sus servicios. En un manuscrito del 16 de febrero del año 1646, un anónimo decidió enviar una queja al rey diciendo lo siguiente:

“Habiendo dado V, M. forma en el fuero de la milicia reduciendo su privilegio al lugar, y calidades con que le deben gozar; es de igual conveniencia y necesidad reformar los abusos que se han introducido por los ministros, y oficiales de la Inquisición con pretexto de privilegio, en perjuicio de las ventas reales desconsuelo de los vasallos de V. M. y perturbación de la paz pública. […] Los inquisidores contravienen a ambas leyes, visando de pena espiritual en materia temporal, como lo son los privilegios reales que obtuvieron por gracia de V. M. contra legar de la jurisdicción real, y en causa profana.”[1]

Como se puede notar, los provechos no eran solamente de dinero y de material. Muchas veces se trataba de cuestiones de jurisdicción y poder. Así, para aumentar la influencia y el alcance de su autoridad, el Santo Oficio precipitó con falsas denuncias gastaron el bien público e implantaron miedo. Nos cuenta el autor de este manuscrito:

“Y estos días se ha dado cuenta al Consejo de que un comisario del Santo Oficio hizo prender en Jerez de la Frontera a un carnicero y le multó en diez ducados por decir no le había dado buena carne, y no contentó con esto escribió el caso a la Inquisición de Sevilla, y mandó parecer al carnicero en el Tribunal, con que quedara notado el y su linaje; así se abusa de la Jurisdicción, y se pone por cuenta de la fe antojársele a un comisario que no se le da la carne como el quiere.”[2]

Es difícil decir exactamente hasta qué medida y profundidad se extendió la corrupción de los inquisidores. Tras leer distintos casos, se puede imaginar que eran de una gran escala ya que la cantidad de bienes que se quedaron en manos inquisitoriales era inmensa. De hecho, en ciertos casos se recalca la relación que tiene la continua detención en la mazmorra con el pago de sumos importantes de dinero y beneficios.

Tal forma de “justicia” ha sido implícitamente aceptada por ciertos círculos ya que se extendían los escritos relacionando el poder, el dinero, y el judío (en los casos donde se trataba de ello). Por tanto, si se trata simplemente de quitar el dinero para impedir al mal conquistar el mundo (sin mencionar el pequeño detalle que el mismo se queda con este dinero para “usarlo mejor”), será realmente corrupción del poder o llevar a cabo un buena iniciativa complementaria.


[1] AHN, leg. 7122, número 47.

[2] AHN, leg. 7122, número 48.

Se hace el bien con la libertad‎… económica

“Se hace el bien con la libertad a través de dos modos: el uno, librando de la miseria a los necesitados; el otro, estimulando la virtud.

No hay obra más regia ni más divina que socorrer a los míseros… Y en verdad, los desastres públicos son la propia materia y la mejor ocasión que se puede presentar a un príncipe para ganarse los ánimos y corazones de los suyos; entonces es cuando debe esparcir las semillas de la benevolencia e insertar en los corazones de los súbditos el amor, que luego florecerá y rendirá a largo interés ciento por uno.

La liberalidad no sirve sólo para sacar el pobre de la miseria, sino además para ayudar y estimular la virtud, porque esta clase de benignidad (además de no crear envidia puesto que se practica en personas meritorias) favorece los ingenios, da apoyo a las artes, hace florecer las ciencias y ennoblece la religión, lo que otorga supremo ornamento y esplendor a los Estados, y además vincula todo el pueblo a su príncipe, puesto que los hombres excelentes, en letras o en otra cosa, son casi jefes de la multitud, la cual depende de sus juicios. De donde, quedando éstos obligados al Rey por el favor y beneficio que reciben, obligan consigo a los demás.” (Botero, La razón de Estado, p.107)

Giovanni Botero

Giovanni Botero

Esta cita está tomada de La razón de Estado, obra maestra de Giovanni Botero fechada de 1589. En la obra, Botero redacta 10 capítulos sobre diferentes aspectos políticos dirigidos al príncipe. En esta parte del libro, Botero recuerda que librar la gente de la miseria es una tarea difícil pero puede llevar a un reinado justo y correcto. Por otra parte, Botero no extiende demasiado en el camino que el gobernante príncipe tiene que emprender para llegar a este fin.

El Conde Duque de Olivares fue probablemente un lector de libros de ars gubernandi como el de Botero y como bien se sabe, fue también el gobernante durante gran parte del reinado de Felipe IV. Ejecutando como primer ministro fue completando y llevando a cabo la teoría de Botero, pensó que, lógicamente, para llegar a este fin de libertad, hay que tener tres aspectos que interactuaban entre sí: dinero, unión y control (no necesariamente en este orden). Sin embargo, por haber recibido un reino ya decadente por deudas y derrotas, la tarea se convirtió en una labor interminable. Así que para conseguir su deseo trató de proponer respuestas para cada uno de los aspectos. En cuanto al control, nepotismo y actitud dictatorial respectivamente; en el dinero, cambiar los asentistas genoveses por banqueros portugueses (de origen judeoconverso) con otras maniobras generales; y para la unión, crear la Unión de armas entre todos los territorios imperiales. Pero lo que puede aparecer bien en teoría, puede acabar siendo catastrófico en la práctica.

De tal forma que entre muchas equivocaciones, una conclusión que se puede destacar de las múltiples críticas sobre el valido, y en particular sobre su carácter firme, tiránico casi déspota, es el desenlace entre las habilidades del Gobierno (en G mayúscula) y las necesidades del pueblo. Parece que Olivares se fió demasiado en la imagen pública del rey en cuanto él se preocupaba del reino. Salvo que siendo el rey pasivo, su imagen no dio lo deseado apoyo en los ojos públicos, pero las acciones del valido sí que reflejaban en la vida cotidiana, en particular con la intervención de la poesía satírica contra él:

“El pueblo lastimado gime y llora,
el gobierno se junta cada hora,
los tributos se están como solían,
ya no pueden pagar, si antes podían
los ricos, porque a pobres han llegado,
y los pobres, por serlo: Dios loado”.

“Aire hidrópico, que sorbe
vidas, haciendas, y otoñar,
tu pueblo ruega señor
los hechos de todo el orbe.”

A continuación, en las próximas entradas voy a intentar mantener una línea que sigue la búsqueda del dinero. Primero, los intentos fallados y luego fijando con más atención en el oficio de los asentistas. Sobre los cuales, dice Botero en el quinto punto del libro VII sobre Los empréstitos:

“Pero si los ingresos no bastan para cubrir las necesidades, podrá el príncipe tomar empréstito de los súbditos ricos, sea a interés, lo que, empero, no debe hacerse sino en casos extremos, porque los intereses son la ruina de los Estados; sea sin interés, que no será difícil de practicar si el príncipe mantiene su palabra y paga las deudas a su tiempo, sin causar perjuicio a los acreedores.”

Olivares vs. Richelieu, lesson in Modesty

In his book, Olivares and Richelieu (Cambridge University Press, 1984), Elliott compares the figures that practically ruled over two of the strongest, most influential empires in the world (at their time), France and Spain. Richelieu as the Cardinal, prime minister to the king Luis XIII and his friend-rival-foe Count-Duke of Olivares, valido of the king of Spain, Phillipe IV[1].

The differences between the two were many and well known yet one that is not that clear is about the way they saw themselves, or in other words, modesty. While Olivares only spoke highly of his precious king, in Richelieu’s words there always seemed to have a double meaning, a non-dit, which made his enemies both fear and despise him. In one occasion in 1628, the Cardinal wrote of himself: “I was zero and I am the same zero [next to the king]”. This phase is a solid example to the differences in character between the two heads of state. The false modesty is recognizable by the use of radical self disdain on the first person in singular. For a person with a law self-esteem will not repeat twice a auto referential pronoun.  And beside, it is very unlikely that one will be in a power position and really think of himself as “zero”. This tactic is merely the recognition of the power hierarchy, nothing more. On the other hand, our good, large boned Count-Duke had never (at least for my knowledge so far) referred to himself in such a way. In different occasion we can read about his complains yet never demonstrating but sincere affection for his king.

Nevertheless, being sure of oneself can bring to greatness in other aspects where social skills are less needed. For example, as the principal minister, both Richelieu as his nemesis, Olivares, were after a better form of education. The two chiefs of state recognized the power of good education together with the right use of tools such as language and eloquence; skills that can fortify the nobility along with the capacity to solve conflicts (other than the battle field that is). Yet while the Count Duke was seeking to bring moral into the young nobles via Catholicism, Richelieu was busy founding the first Académie Française (1635, only to be followed by the Spanish some 78 years later[2]). The French Cardinal was always thought of himself as more capable, maybe because his pride, maybe because his wealth, his political scheming capacity, probably because all of the above.

And yet, when it comes of matters of War, it seems that neither modesty nor sobriety makes any difference. The role that had France in Europe according to Richelieu was perfectly illustrated in Europe, a comedy which the Cardinal himself provided the inspiration and plot. The comedy (which according to Elliott is an excruciatingly bad play) was never showed because of the death or Richelieu (1642). Grosso modo, the message of the comedy is that it is better to perish than to be enslaves and that it is preferable to be driven to war, ‘not by ambition, but by necessity’.

Thus, in order to block the advance of the Spanish forces, the French sent troops to the borders. The good Spaniards, on their side, saw the French troops advancing towards their borders and replied it as a call for war. In this way, as always, it seems that Fear is, and for ever will be the greatest motivation for war.


[1] Another interesting source is the series Vidas Cruzadas (Crossed Lives) made by the Spanish Minister of Cultural; the 12th chapter (out of 13) is dedicated to the rivalry between the two prime ministers (if anybody wishes to see it and is in my proximity, I happen to have it, as well as all the other chapters).

[2] Which on the other hand, is not that much if we take under consideration that the French have their official language since the year 967.

Reflexiones y trabajos críticos recientes sobre la figura de Olivares (y algo más)

El Conde Duque de Olivares no tuvo muchos momentos gloriosos de respeto y admiración. Sin embargo, su constante e incansable trabajo dio algunos resultados que hicieron olvidar momentáneamente el odio general y llegaron a ser consideradas verdaderas hazañas. Por ejemplo, sus triunfos militares en Génova y Cádiz y además de varias victorias marítimas contra los holandeses, la política de Olivares se mostró especialmente hábil en una ciudad a casi 3000 kilómetros de Madrid. En 1625, bajo el mando de Ambrosio Spínola, cayó en manos españolas la ciudad de Breda, puerta marítima principal a los Países Bajos. Este hecho le va a significar la definitiva admiración de su rey, el joven Felipe IV. De hecho, nueve años más tarde, el rey mostró su respeto a su especial ministro permitiendo que el pintor real, Diego de Velázquez, lo representara en un motivo pictórico reservado a reyes y emperadores. Una apoteosis de poder y autoridad.

En el retrato ecuestre del Conde-Duque, el ministro aparece representado con los símbolos de poder, elementos que engloban sus diferentes funciones, como por ejemplo: Corcel de paradas ceremoniales, el cetro de mando (también puede llamarse bastón o bengala, según quién interprete). El símbolo del poder en la mano derecha tiene una doble función: como bastón en que apoyarse y como instrumento de castigo. En la mano izquierda, el valido está tomando las riendas del gobierno, metafóricamente hablando. Tal posición muestra una gran capacidad de llevar adelante y manejar su propio pueblo al mismo tiempo de castigar al enemigo. El caballo está en corveta regia, dinámico y preparado a lanzarse adelante. Si el espectador se fija más allá en el horizonte en la dirección del caballo se puede notar algo en forma de nubes de humo, resultado de un gran incendio. Tal escena puede ser una alusión a la gran victoria de los españoles sobre la ciudad de Breda nueve años antes (1625), un marco prestigioso en la vida del gran valido.

Otro punto curioso es la interacción con el cuadro de Felipe IV: se sugiere que Velázquez realizó los dos retratos ecuestres (de Olivares y el rey) pensando en los dos colgados uno al lado del otro de tal manera que uno parecía el reflejo del otro. La única distinción es que el rey está representado en una posición más erguida y digna un poco más alto que su favorito. Aunque el retrato de Felipe IV se colgó haciendo pareja con el de Isabel de Borbón en una de las paredes del salón de Reinos (el retrato de Olivares nunca apareció en la famosa sala), lugar reservado a la familia real, pintarlo ecuestre quizá refleje que el rey lo relacionaba como parte de ella.

Los elementos casi idénticos que aparecen en los dos cuadros pueden afirmar tal sugerencia. Como por ejemplo el árbol erecto detrás de su figura (aunque en el cuadro del rey aparece más floreciente y verde comparado con la escasez económica de hojas en el árbol de Olivares); el hecho de estar con el caballo en corveta en lo alto de una colina, un lugar muy estratégico mostrando sus capacidades militares; y quizá el elemento más curioso, la roca en la parte izquierda baja en los dos retratos. Una roca con un papel o pañuelo blanco puesto sobre ella. De hecho, en el retrato del rey parece que los números “248” están escritos sobre ella (gracias a Gemma Cobo, bella becaria en el prestigioso prado, ahora sé que ésto no es más que el número de uno de los inventarios de Palacio).

El exquisito trabajo de Velázquez da mayor viveza al cuadro y alto grado de verismo. Ha conseguido un equilibrio majestuoso de dinámica y firmeza. Dinámica necesaria para la batalla y la firmeza decisiva de un general, señor de la guerra.

Sin embargo, con los años han aparecido más interpretaciones. Una de las más ácidas es del crítico J. Mota (2011) en la cual, el investigador insiste de un lado de la grandeza de la figura del valido y del otro le maldice. Mota destaca en su análisis el hecho de que el Conde Duque fue una posible causa y agravamiento de la crisis económica y que era muy distante del pueblo, guardándose lejano y con una actitud soberbia y desigual. Mota sigue con su propia interpretación del cuadro famoso incitando que la causa de la posición en corveta del caballo era por el peso del ministro. Además, insiste en que el animal acabó siendo un caballo percherón arrastrando toros muertos de la arena. No obstante, la crítica más feroz sobre el valido es sobre su vestimenta, cuando repara en que lleva “zapatos de muñeca”.

 

Shai Cohen

* Gracias a José Mota y a Olivares por su amable participación.
* Mis sinceros agradecimientos a Joaquín (el chapetón) y a la bloguera más talentosa Davinia (Cantando finezas...)
* Un comentario sobre Velázquez y algunos de sus obras ve entrada de Alejandro Loeza: