Comparación entre las Celestinas: el concepto de brujería y alcahuetas relacionado con el criptojudaísmo

Dentro de nuestra sociedad patriarcal existe una casta excepcional y algo especial que sale de lo habitual y otorga a las mujeres los poderes máximos. Hoy las conocemos como disfrazadas de Halloween o Purim, como mitos de un mundo de antaño, hoy son de adolescentes aburridos en búsqueda de su identidad o fantasía en películas y literatura bestseller. Sin embargo, durante muchos años aquellos poderes bien existían. La gente las temía durante varios siglos más que simple creencia, como realidad. Se decía que ellas podían controlar la mente, jugar con las personas, que eran una amenaza de la sociedad idealista. Cañizares de Cervantes es un ejemplo, pero enfocamos en su fuente, en Celestina.

Se puede encontrar muchos apodos para reemplazar el nombre de La Celestina, Alcahueta, bruja, hechicera hasta astuta y sagaz (acto I en La Celestina: Semprunio dice a Calisto: “vieja barbuda, que se dize Celestina, hechicera, astuta, sagaz”). En este trabajo intentamos dejar al lado toda la polémica alrededor de su figura y sus acciones para enfocarnos sobre un aspecto en particular, Celestina como bruja.

En efecto, la descripción de la personalidad de Celestina nos revela ya desde el principio un personaje que corresponde a ciertas características que siguen el a priori de la época en cuanto a las brujas. Pármeno dice en el I acto:

que guardaua para aquel rascuño, que tiene por las narices”. O Melibea que dice a Celestina (acto IV):

no te conociera, sino por essa señaleja de la cara”. Seguida por su sirviente Lucrecia: “¡Hy!, ¡hy!, ¡hy! ¡Mudada está el diablo! ¡Hermosa era con aquel su Dios os salue, que trauiessa la media cara!”  (a cuyas observaciones Celestina responde diciendo que es por levantarse muy temprano por la mañana que parece ser doblemente vieja).

Además, Tristan nos informe en el acto XIX:

Esta muger es marcada”.

Estas descripciones no dejan lugar a dudas de que se trata de un rasguño evidente, bajo o incluye el ojo izquierdo. En otras palabras es la marca del diablo, una marca hecha por el diablo de un grifo de su mano (el diablo está representado por un macho cabrío bípedo con fuertes grifos de águila en sus manos) para marcar sus servidores y mensajeros en la tierra. Ellos que parecen humanos pero no están sino para maltratar e influir a las ovejas de Dios en la eterna guerra del bien contra el mal (según Zarathustra quien hacia el año600 A.C. había dividido lo bueno de Dios y lo malo del diablo, Lucifer o Satán según la creencia judeocristiana, o “el adversario”).

Ahora bien, la marca del diablo no es el único carácter de índole diabólico de Celestina: desde el principio Rojas nos da a entender de quien se trata aquel personaje de Celestina. En su parlamento, nos expone Páramo una descripción bastante negativa, por ejemplo dice:

Acto I: “Ella tenía seys oficios, conuiene saber: labrandera206, perfumera, maestra de fazer afeytes e de fazer virgos207, alcahueta e vn poquito hechizera”.

Todos son oficios de un sirviente del diablo. Y si no nos bastaría esto, Celestina misma se condena con la siguiente invocación:

Acto III: “Conjúrote, triste Plutón, señor de la profundidad infernal, emperador de la Corte dañada”, y la citación sigue con lo que parece ser un pacto entre ambos.

Además Celestina misma nos revela su estatuto cuando habla de la madre de Pármeno, Claudina, su compañera durante tiempo:

Acto VII (octavo) dice Celestina a Pármeno: “Hijo, digo que, sin aquella, prendieron quatro veces a tu madre, que Dios aya, sola. E avn la vna le leuantaron que era bruxa, porque la hallaron de noche con vnas candelillas, cogiendo tierrade vna encruzijada, e la touieron medio día en vna escalera en la plaça, puesto vno como rocadero pintado en la cabeça. Pero cosas son que passan”.

Sobre todo, lo que evoca su estado de pecadora al final es su muerte sin confesión (ella pensó ser salvada gritando “confesión” al caer hacia su muerte):

Acto XVIII (décimo octavo):

CENTURIO.-  ¡O!, reñiego de la condición. Dime luego si está confessado.

AREUSA.-  No seas tú cura de su ánima.

CENTURIO.-  Pues sea assí. Embiémosle a comer al infierno sin confessión

Lo que afirma el envío al infierno, o por lo menos hasta su supuesta resurrección en la Segunda Celestina que, paradójicamente, se convierte en enviada de Dios. En efecto, en la Segunda Celestina (por lo menos al principio) encontramos un extendido campo léxico que presenta a Celestina como santa que Dios quiere que vuelva a la tierra para arrepentir sus pecados. En el acto IX (noveno) dice el pueblo:

Madre Celestina, tú seas muy bien venida, y Dios quede contigo […] pues la quiso Dios sacar de los infernos para tornalla a hazer penitencia de sus pecados.”

El tema tratado se hace aún más interesante con el factor de cripto-judaísmo. Así que después de establecer el carácter de xenofobia de la sociedad española en aquel tiempo podemos ampliar el terreno a varios actores con sus diferentes papeles sociales. ¿En qué se asemeja la Celestina bruja al problema judío? Primero, podemos decir que ella practica algunas costumbres cristianas y va regularmente a la Iglesia (sabemos que en la época ir a la Iglesia fue importantísimo si uno quería ser una parte aceptada por la sociedad), y en privado, no obstante, ella practicaba al mismo tiempo ritos paganos (sus oficios según Pármeno). Para comparar, muchos de los conversos seguían practicando en escondite rituales de su religión precedente. Es importante señalar que en los dos casos el castigo era más o menos igual (la hoguera, los autos de fe o simplemente perpetuo encarcelamiento). Otro aspecto interesante es que Celestina es rica (a pesar de vestirse muy pobremente) Acto XV (décimo quinto) Elicia dice:

Allí quiero estar, siquiera porque el alquiler de la casa, que está pagado por ogaño, no se vaya em balde”.

Por consiguiente no podemos sino comparar de nuevo el aspecto económico entre Celestina y el a priori sobre los judíos (ricos en escondite).

Otra relación importante se puede creer entre la brujería y el judaísmo, por ejemplo, el aquelarre tuvo lugar en “Sabbat”, a menudo con la participación del diablo. En estas reuniones ocurrieron una variación de rituales y acciones bastante alejadas de ser conformes a la moral cristiana. El nombre del día de dicha aquelarre remite, evidentemente, al “Sabbat”, el día más sagrado de la semana para los judíos. Otro aspecto tiene que ver con la apariencia física y es la nariz, bastante parecida según las caricaturas tanto de brujas como de judíos.

Por ello, después de señalar la semejanza en acosando los judíos, las brujas y todo lo que puede arriesgar la “paz” cristiana que protege la supervivencia de la verdad, nos preguntamos ¿Por qué quiso Rojas dar características judías o judeocristianas a una bruja? Primero es importante indicar que, probablemente, la comparación existió a base cotidiano en la sociedad. Pero en cuanto al ambiente literario de la obra, Rojas, al crear el personaje de Celestina, pudo alzar, casi honrar, una persona cuyas prácticas contrariaban, desafiaban la omnipresente moral cristiana. Pues, eligió una figura de alcahueta, tanto divertida como astuta, manejando así una creencia popular menos polémica y bastante más neutral dejando el símbolo transmitido. Como observa Maravall, mucha gente en los siglos XV y XVI creía en la práctica de magia, más en su forma de oficio profesional y saber práctico que arte satánica. A diferencia del contexto rural, donde se practicaba más la brujería, en el contexto cultural urbano se encontraban los rasgos mágicos como las de Celestina. Según Caro Baroja, Rojas quiso representar con sus personajes tipos reales del mundo urbano español del siglo XV. Por lo tanto, esta sugestión corresponde a los dramatis personae con los personajes tipificados como Melibea en papel de la bella dama, la virgen seductora y seducida; Calisto, el hidalgo cristiano consumido por la belleza de su dama y por la maligna intervención de la bruja; Pleberio, el converso rico que piensa sólo en su riqueza y herencia sanguínea y Celestina en el papel principal de la Bruja en el centro llevando su maniobra manipulativa hasta su muerte.

¿Así que las brujas, fueron una invención de la Inquisición para quemar a los herejes no judíos o fueron una verdadera amenaza al dogma cristiana? Creo sinceramente que podemos juzgar este asunto por la nariz, aguileña y amenazadora.

Hacia un glosario de la obra conversa

Una breve clasificación de una variedad de campos semánticos y términos que han me surgido en el trabajo relativos referencias textuales relacionadas con el mundo converso. Es decir, sin la certeza de que un autor sea converso, estas marcas textuales estarían configurando un determinado tipo de decodificación, capaz de reconocerlas como referencias a dicho paradigma. El hecho de que ciertos autores de los siglos XV al XVII sea desde su propio conocimiento sea para lectores, en una realidad multi étnica de cristianos viejos y conversos, capaces de decodificar sintagmas específicos, ya sea desde un posicionamiento de identificación como de burla o rechazo. La lectura de los textos áureos requiere a menudo cierta medida de reconocimiento de las referencias explícitas o implícitas en los textos.

Es de notar que muchos de los referentes que enumeraré a continuación aparecen tanto en las obras escritas por y sobre conversos y sobre la conversión como también en los procesos inquisitoriales. De hecho,la Inquisición es una fuente sólida y fidedigna de información, ya que solía emprender una tarea de decodificación de las marcas judaizantes, de costumbres “sospechosas” y aun de conflictos interiores.

Campos semánticos:

La comida:

  • Tocino – el rechazo a la ingestión de tocino, por un lado, o la preocupación por ostentar la obsesión con este tipo de comida, por otro. La prohibición de comer cerdo, vigente en la religión judía y musulmana, convirtió su ingestión en una prueba, un examen, un indicio que mostraba la sinceridad o falsedad de un nuevo cristiano. Los criptojudíos que mantuvieron su judaísmo negando por completo la religión cristiana, no comían cerdo, a veces, poniendo su vida en riesgo. Como he mostrado anteriormente en el episodio de Lozana con Rampín, los mozos y el bocado de tocino, ella, con manipulación, consiguió evitar que los dos supuestos conversos comieran el bocadillo.
    Otro aspecto relacionado con el tocino es el salar la carne. Aquí la interpretación puede ser ambigua ya que de un lado los cristianos viejos salaban el tocino para su preservación, y del otro, se sabe que los judíos salaban la carne para secar la sangre y así respetar las normas prescriptas por la religión judía.  Además, para cocinar, el judaizante o criptomusulmán prefería el aceite a la manteca de cerdo.
  • Otra comida relacionada con la cocina judía tradicional:
    – Boronía – plato a base de berenjena, supuestamente de origen mediterráneo, sefaradí y/o musulmán.
    – Hormigos en aceite y no en agua, como las cristianas viejas (lo hemos visto enLa Lozana Andaluza).
    – De modo general, no se comía carne de un animal muerto que no haya sido desangrado.

Profesiones:

  • Como traté de mostrar en este trabajo, la prostitución estaba en muchos casos relacionada con las judías convertidas; “la comunidad de judías españolas de Roma” según José Manuel Morán.
  • Las profesiones tradicionales atribuidas a los judíos se desplazan a los conversos: comerciantes, banqueros, médicos, sastres, escribanos, etc. Es el microcosmos profesional dentro del macrocosmos heterogéneo de los conversos.

La vida social:

  • Los chistes y el humor sobre la condición conversa o, en su defecto, sobre la obsesión anti-conversa.
  • La mezcla, confusión y desorden de los estatutos sociales, por una parte, y el desprecio por autoridad religiosa, por otra.
  • La determinación de la línea de los ancestros: padres, madres, abuelos o cualquier mención irónica de los antepasados en general.
  • En ciertas obras se ve el afán “judío” por el tratamiento de respeto “don”.
  • Los ritos judíos del luto (por ejemplo, cortinas negras e ingestión de huevos duros y aceitunas).

Indumentaria:

  • Uso y abuso del disfraz como pasaje social: el protagonista quiere mostrarse como otro que no es y de allí que mimetice la vestimenta.

Lo físico:

  • Irregularidad en cuanto a la forma, especialmente en la cara (el tamaño de la nariz).
  • El color bermejo del cabello.

Referencias religiosas:

  • El rechazo del número tres, sagrado para el cristianismo, al señalar la Trinidad.
  • Abundancia de menciones de Dios (o Dio).
  • La escatimación de la mención de Jesús, Virgen, María etc.

Onomástica:

  • Se notan cambios de nombres en el protagonista, sus parientes o cualquier otro personaje en la obra. El cambio de nombre conlleva un cambio de identidad.

Introducción de palabras en hebreo:

  • Si bien esta marca puede ser ambigua, ya que suele ocurrir que la utilización, en ciertos casos, de esta lengua puede servir para mostrar el conocimiento bíblico, en ciertos contextos puede ser una marca del paradigma converso, si bien los cristianos nuevos judaizantes se cuidaban y evitaban utilizar o mencionar palabras hebreas por el peligro inquisitorial.

Hibridismo:

  • Polifonía marcada en la obra.

Culto a la memoria histórica:

  • Menciones de índole comparativa entre el pasado y el presente, especialmente en cuanto a la situación conversa.

Obsesión con la temática de la sangre:

  • Este aspecto responde a la obsesión sanguínea de la época, relacionada con los estatutos de limpieza de sangre.