¿Melancolía renacentista o melancolía judía?

Gran parte de mi tesis doctoral hablará (espero con algo de coherencia y claridad) de cierta aportación de los conversos portugueses o marranos, como, despreciativamente, los llamaron (o llaman, curiosamente hasta hoy en día). La aportación fue a la política económica del Conde Duque de Olivares durante el siglo XVII cuando el buen intencionado Conde Duque echó fuera a los genoveses por sus altos intereses (hasta el 16% en cierto momento). Sustituyéndolos fueron los banqueros portugueses, en su mayoría de origen judío.

Sin embargo, para entender el rechazo de muchos de los españoles a este cambio (por positivo que se mostró en el papel), no se puede hacer caso omito del contexto general. En esta perspectiva en mente, la querida profesora y directora de mi máster Ruth Fine de la Universidad Hebrea de Jerusalén investiga lo que ella denomina “Literatura de Conversos”. O sea, literatura escrita por conversos, sobre conversos o simplemente con la reflexión del problema converso en mente. Es evidente que tal estudio conlleva amplia bibliografía de las más importantes obras del Siglo de Oro y muchos micro investigaciones sobre el entendimiento antropológico, hasta a veces sicológico (todo aquello relacionado a la expresividad literaria, claro está). Dichos aspectos son una parte de la razón por la cual las clases de la distinguida profesora me aportaron no solamente saber y curiosidad sino también un gran placer de aprendizaje[1].

En esta entrada voy a dar una breve referencia sobre uno de los aspectos que parecen manifestarse, unas veces más que otras, en tal literatura. Se trata del estudio de la bilis negra, también llamada más comúnmente, Melancolía.

En un artículo, Marcel Bataillon habla muy específicamente de una España conversa que afectó, mediante la literatura, una corriente del pensamiento en la península. Bataillon pregunta ¿melancolía renacentista o melancolía judía? Lo que provoca la pregunta ¿Cuál de las dos melancolías anuncio la otra? ¿Son los judíos dolientes de tanto tiempo de represión o el cambio de la mentalidad?¿O quizá sea sólo el renacimiento que trata de comprender el lugar antropológico dentro del teológico? Él nos presenta en su argumento muchos ejemplos de autores conversos de cuya pluma brotaron obras maestras que afectaron toda la literatura a partir de aquel entonces.

Uno de los ejemplos es del discurso final en la obra maestra escrita por anónimo y Fernando de Rojas, llamada la Celestina. Más precisamente, Bataillon se centra en el efecto literario del episodio que se puede denominar el llanto de Pleberio. ¿Está hablando Pleberio desde un hombre que entra al Renacimiento o Rojas, el autor, desde un converso quien metafóricamente se queja por su situación en una España de represión y odio? Se puede seguir haciendo preguntas y alusiones para intentar y entender si fue por la sangre tachada por el judaísmo o bien por melancólico que fue tras la muerte de Melibea. Lo que está seguro es que uno afectó al otro, como dice Bataillon, “La aportación de los judíos y “conversos” a la sensibilidad de expresión española, no es mera cuestión de genealogías y de defectuosa limpieza de sangre. Hay que tener en cuenta la situación general de España, su ambiente influido a lo largo del siglo XV por el papel cultural eminente de los “conversos”, y ya en el siglo XIV por el de los judíos. Es problema muy complejo, tanto social como psicológica y estéticamente.”

 

Ahora bien, tiendo estar de acuerdo con la sugerencia que se trata de una interacción de los dos estados. La melancolía es un fuerte estado de tristeza permanente y según parece, suele surgir de una combinación de dos cosas particularmente, de una pérdida y muerte. La muerte, sea lo que fuere la razón, es la misma muerte, suele ser de una persona de estrecha relación o su propia persona. La pérdida, en este caso se varía, puede ser pérdida de amor (en el caso de Melibea), pérdida de heredera (el caso de Pleberio), pérdida de cultura religiosa (el caso de Rojas). En cualquier situación, la bilis pinta en negro el interior, vaciándole de su contenido para dejar un hueco seco y triste.

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[1] En este blog he puesto ya varias reflexiones, resultados de sus clases que he tenido en mis dos años de máster en Jerusalén.

Hacia un glosario de la obra conversa

Una breve clasificación de una variedad de campos semánticos y términos que han me surgido en el trabajo relativos referencias textuales relacionadas con el mundo converso. Es decir, sin la certeza de que un autor sea converso, estas marcas textuales estarían configurando un determinado tipo de decodificación, capaz de reconocerlas como referencias a dicho paradigma. El hecho de que ciertos autores de los siglos XV al XVII sea desde su propio conocimiento sea para lectores, en una realidad multi étnica de cristianos viejos y conversos, capaces de decodificar sintagmas específicos, ya sea desde un posicionamiento de identificación como de burla o rechazo. La lectura de los textos áureos requiere a menudo cierta medida de reconocimiento de las referencias explícitas o implícitas en los textos.

Es de notar que muchos de los referentes que enumeraré a continuación aparecen tanto en las obras escritas por y sobre conversos y sobre la conversión como también en los procesos inquisitoriales. De hecho,la Inquisición es una fuente sólida y fidedigna de información, ya que solía emprender una tarea de decodificación de las marcas judaizantes, de costumbres “sospechosas” y aun de conflictos interiores.

Campos semánticos:

La comida:

  • Tocino – el rechazo a la ingestión de tocino, por un lado, o la preocupación por ostentar la obsesión con este tipo de comida, por otro. La prohibición de comer cerdo, vigente en la religión judía y musulmana, convirtió su ingestión en una prueba, un examen, un indicio que mostraba la sinceridad o falsedad de un nuevo cristiano. Los criptojudíos que mantuvieron su judaísmo negando por completo la religión cristiana, no comían cerdo, a veces, poniendo su vida en riesgo. Como he mostrado anteriormente en el episodio de Lozana con Rampín, los mozos y el bocado de tocino, ella, con manipulación, consiguió evitar que los dos supuestos conversos comieran el bocadillo.
    Otro aspecto relacionado con el tocino es el salar la carne. Aquí la interpretación puede ser ambigua ya que de un lado los cristianos viejos salaban el tocino para su preservación, y del otro, se sabe que los judíos salaban la carne para secar la sangre y así respetar las normas prescriptas por la religión judía.  Además, para cocinar, el judaizante o criptomusulmán prefería el aceite a la manteca de cerdo.
  • Otra comida relacionada con la cocina judía tradicional:
    – Boronía – plato a base de berenjena, supuestamente de origen mediterráneo, sefaradí y/o musulmán.
    – Hormigos en aceite y no en agua, como las cristianas viejas (lo hemos visto enLa Lozana Andaluza).
    – De modo general, no se comía carne de un animal muerto que no haya sido desangrado.

Profesiones:

  • Como traté de mostrar en este trabajo, la prostitución estaba en muchos casos relacionada con las judías convertidas; “la comunidad de judías españolas de Roma” según José Manuel Morán.
  • Las profesiones tradicionales atribuidas a los judíos se desplazan a los conversos: comerciantes, banqueros, médicos, sastres, escribanos, etc. Es el microcosmos profesional dentro del macrocosmos heterogéneo de los conversos.

La vida social:

  • Los chistes y el humor sobre la condición conversa o, en su defecto, sobre la obsesión anti-conversa.
  • La mezcla, confusión y desorden de los estatutos sociales, por una parte, y el desprecio por autoridad religiosa, por otra.
  • La determinación de la línea de los ancestros: padres, madres, abuelos o cualquier mención irónica de los antepasados en general.
  • En ciertas obras se ve el afán “judío” por el tratamiento de respeto “don”.
  • Los ritos judíos del luto (por ejemplo, cortinas negras e ingestión de huevos duros y aceitunas).

Indumentaria:

  • Uso y abuso del disfraz como pasaje social: el protagonista quiere mostrarse como otro que no es y de allí que mimetice la vestimenta.

Lo físico:

  • Irregularidad en cuanto a la forma, especialmente en la cara (el tamaño de la nariz).
  • El color bermejo del cabello.

Referencias religiosas:

  • El rechazo del número tres, sagrado para el cristianismo, al señalar la Trinidad.
  • Abundancia de menciones de Dios (o Dio).
  • La escatimación de la mención de Jesús, Virgen, María etc.

Onomástica:

  • Se notan cambios de nombres en el protagonista, sus parientes o cualquier otro personaje en la obra. El cambio de nombre conlleva un cambio de identidad.

Introducción de palabras en hebreo:

  • Si bien esta marca puede ser ambigua, ya que suele ocurrir que la utilización, en ciertos casos, de esta lengua puede servir para mostrar el conocimiento bíblico, en ciertos contextos puede ser una marca del paradigma converso, si bien los cristianos nuevos judaizantes se cuidaban y evitaban utilizar o mencionar palabras hebreas por el peligro inquisitorial.

Hibridismo:

  • Polifonía marcada en la obra.

Culto a la memoria histórica:

  • Menciones de índole comparativa entre el pasado y el presente, especialmente en cuanto a la situación conversa.

Obsesión con la temática de la sangre:

  • Este aspecto responde a la obsesión sanguínea de la época, relacionada con los estatutos de limpieza de sangre.

Cerdo, comer o no comer, esa es la cuestión!

A pesar de la ausencia de información respecto de la vida de Delicado, se nota que el mismo autor muestra un sorprendente conocimiento en cuanto al mundo judío, especialmente en lo que atañe al aspecto culinario. Primero, según los indicios de la comida:

“Sabía hazer hojuelas, prestiños, rosquillas de alfaxor, textones de cañamones y de ajonjolí, nuégados, xopaipas, hojaldres, hormigos torçidos con azeite, talvinas, çahinas y nabos sin toçino y con comino; col murciana con alcaravea, y «olla reposada no la comía tal ninguna barba». Pues [1]boronía ¿no sabía hazer?: ¡por maravilla! Y caçuela de berengenas moxíes en perfiçión; caçuela con su agico y cominico, y saborcico de vinagre, esta hazía yo sin que me la vezasen.” (Mamotreto II, p. 178)

“Beatriz dice: “No quería sino saber d’ella si es conversa, porque hablaríamos sin miedo”. A lo cual Teresa contesta: ¿Y eso me decís? Aunque lo sea, se hará cristiana linda.” Pero es la misma Teresa quien resuelve el problema: “Mirá en qué estáis. Digamos que queremos torcer hormigos y si los sabe torcer, ahí veremos si es de nobis [una de nosotras], y si les tuerce con agua o con aceite”. Y cuando llega el momento de torcer los hormigos Lozana utiliza aceite, indicando así que es conversa y no de los cristianos viejos que utilizan agua.” (Mackay, 1993, pp.127-141)Luego, Lozana participa en un examen de origen y tradición según las rameras conversas, habitantes del lugar; dice al respecto Mackay:

Los hormigos en aceite y no en agua era una parte del proceso de identificación y aceptación en el seno de la comunidad de las prostitutas españolas o en otras palabras: “la plena integración de Lozana en la comunidad de judías españolas de Roma.” (J. Morán, 2003, p. 3).

La importancia de la comida en la obra es incuestionable, ya que el autor trata la nutrición y la comida en general, como un acto primordial, culturalmente hablando. En otras palabras, en sus referencias a la comida, Delicado expone la comida judía, lo que deja suponer que era un paradigma por él conocido. Ello atañe, por supuesto, a la utilización de términos que no son de índole o de significación sexual (Por ejemplo, cuando Lozana dice a Rampín en el mamotreto

XIV “¡Cuánto había que no comía cocho! Ventura fue encontrar el hombre tan buen partiçipio a un “pasto””, las referencias a lo comestible posee un doble sentido de orden sexual). Como es sabido, muchas de las denuncias de judaizantes fueron por costumbres culinarias mal escondidas, especialmente durante las fiestas religiosas. Así, por ejemplo, Lozana menciona el pan cenceño (mamotreto XII, p. 219). Observa Rica Amrán:

“En las denuncias [de los herejes judíos, cripto judíos] encontramos evidentemente elementos de religiosidad, como las festividades, pero según apreciamos la higiene personal y la de sus viviendas, sus costumbres culinarias, en una palabra ‘su cotidiano’, sirven para separarlos de la colectividad.” (Amrán, 2008, p. 135)

Se sabe además, que durante las detenciones y encarcelamientos de cristianos nuevos en los sótanos inquisitoriales, los guardias utilizaban agujeros secretos para espiarlos, buscando rituales judaizantes para poder denunciarlos. En muchos casos, estos rituales estaban relacionados con la comida, tales como los ayunos, el hecho de privarse de comer tocino*, etc.

Otro ejemplo se encuentra en el mamotreto XXXIV en que los mozos quieren que Rampín coma jamón, y eso es lo que sucedió:

MOÇOS.- Señora, venga, que él de casa es. Ven acá, come. Pues que veniste tarde, milagro fue quedar este bocado del jamón. Corta y come, y beberás.
RAMPÍN.- Ya he comido. No quiero sino beber.

FALILLO.- Pues, ¡cuerpo de tal contigo! ¿En ayunas quieres beber, como bestia? Señora Loçana; mandalde que coma, que ha vergüenza.
LOÇANA.- Come presto un bocado y despacha el cuerpo de la salud.
FALILLO.- ¿Qué esperas? ¡Come, pese a tal con quien te parió! ¿Piensas que te tenemos de rogar? Ves ahí vino en essa taça de plata. ¡Passo, passo! ¿Qué diablos has? ¡Oh, pese a tal contigo! ¿Y las tripas echas? ¡Sal allá, que no es atriaca! ¡Ve d’aquí, oh, cuerpo de Dios, con quien te bautizó, que no te ahogó por grande que fueras! ¿Y no te podías apartar? ¡Sino manteles y platos y taças, todo lo allenó este vuestro criado, cara de repelón trasnochado!
LOÇANA.- ¿Qué es esto de que reviesa? ¿Algo vido suzio? Que él tiene el estómago liviano.
FALILLO.- ¿Qué es esso que echa? ¿Son lombrizes?
MOÇOS.- Agora, mi padre, son los bofes en sentir el toçino.
LOÇANA.- Denle unas pasas para quese le quite el hipar, no se ahogue.
MOÇOS.- ¡Guay d’él si comiera más! Dios quiso que no fue sino un bocado.
OROPESSA.- No será nada.
LOÇANA.- Señora, no querría que le quebrasse en çiçiones, porque su padre las tuvo siete años, de una vez que lo gustó.
FALILLO.- ¡Amarga de ti, Guadalajara! Señora Loçana, no es nada, no es nada, que lleva la cresta hinchada.
LOÇANA.- Hijo mío, ¿toçino comes? ¡Guay de mi casa, no te m’ahogues!
FALILLO.- ¡Quemado sea el venerable tocino!
(Mamotreto XXXIV, pp. 340-341)

Como se puede ver, Lozana manipula la situación con su astucia, hasta que los jóvenes echan el tocino. Me permito sugerir, entonces, que escenas parecidas ocurrieron frecuentemente en los encuentros entre los diversos grupos: el converso/criptojudío y el cristiano viejo. Sicroff, en su libro, Los estatutos de limpieza de sangre, menciona en una nota cómo se notaba en diversas obras esta importancia de la comida. El crítico cita a Edward Glaser[2]: “El comer carne de puerco llegó a ser prueba de pureza religiosa y racial” (Sicroff, 1985, p. 315). Glaser, dice Sicroff en otra referencia, también presenta en su libro varias citas de la literatura española donde se burla de lo poco de tocino que come un converso sólo para convencer a los otros que la carne de cerdo no le repugna; también existieron conversos que tenían en su casa un par de jamones como “bienes raíces”, que guardan para ostentarlos. Desde luego, Sicroff sigue con otra referencia primordial: el Licenciado Cabra (El Buscón, 1927, p. 44) “para imponer silencio a los maldicientes, se ve obligado a añadir tocino a la olla, por no sé qué que le dijeron un día de hidalguía”. Todas son observaciones pertinentes ya que era habitual que la Inquisición distinguiera al judaizante del cristiano nuevo sincero mediante la ingestión de un cerdo.


[1] Plato a base de berenjenas; [2] El trabajo Referencias antisemitas en la literatura peninsular de la Edad de Oro de. Glaser es citado también en el artículo de Mackay.

* un debate interesante sobre la pregunta de por qué no comer cerdo encontré en el siguiente enlace: http://ateismoparacristianos.blogspot.com.es/2011/11/de-por-que-dios-odia-al-cerdo.html

Lozana la “zona”, reflexión onomástica

Una posible etimología en cuanto al nombre Lozana de La Lozana andaluza (Delicado, 1528) se puede realizar mediante la paronomasia (muy parecida al anagrama en el juego – hecho conscientemente por Delicado – de las palabras “Roma” y “Amor”), en la cual, se puede modificar la escritura del nombre de Lozana al sustantivo “La zona”. ‘Zona’, significa en hebreo ‘prostituta’ (“זונה”). Desafortunadamente, como no se sabe mucho del autor, no existen testimonios de un posible conocimiento de la lengua hebrea. No obstante, el hecho de vivir en Roma permite aventurar esta hipótesis, ya que las comunidades judías disfrutaron de relativa libertad que les permitió seguir estudiando y practicando su lengua y religión. Fue allí donde personajes importantes en el mundo judío y converso pudieron crear, escribir y publicar (por ejemplo, se destaca a Isaac Abravanel -1437- 1508-, quien vivió y publicó en Italia a partir de 1492). Así que, no sería disparatado decir que para la palabra “prostituta”, se utilizaban, en el círculo judío y cripto-judío, la palabra hebrea “zona”. Como aparece en el Antiguo Testamento:

וַתֵּשֶׁב בְּפֶתַח עֵינַיִם, אֲשֶׁר עַל-דֶּרֶךְ תִּמְנָתָה:  כִּי רָאֲתָה, כִּי-גָדַל שֵׁלָה, וְהִוא, לֹא-נִתְּנָה לוֹ לְאִשָּׁה.  טו וַיִּרְאֶהָ יְהוּדָה, וַיַּחְשְׁבֶהָ לְזוֹנָה:  כִּי כִסְּתָה, פָּנֶיהָ.  טז וַיֵּט אֵלֶיהָ אֶל-הַדֶּרֶךְ, וַיֹּאמֶר הָבָה-נָּא אָבוֹא אֵלַיִךְ, כִּי לֹא יָדַע, כִּי כַלָּתוֹ הִוא; וַתֹּאמֶר, מַה-תִּתֶּן-לִי, כִּי תָבוֹא, אֵלָי.  יז וַיֹּאמֶר, אָנֹכִי אֲשַׁלַּח גְּדִי-עִזִּים מִן-הַצֹּאן; וַתֹּאמֶר, אִם-תִּתֵּן עֵרָבוֹן עַד שָׁלְחֶךָ.  יח וַיֹּאמֶר, מָה הָעֵרָבוֹן אֲשֶׁר אֶתֶּן-לָךְ, וַתֹּאמֶר חֹתָמְךָ וּפְתִילֶךָ, וּמַטְּךָ אֲשֶׁר בְּיָדֶךָ; וַיִּתֶּן-לָהּ וַיָּבֹא אֵלֶיהָ, וַתַּהַר לוֹ.[1]
(בראשית לח, יד-יח)

Por ende, en este texto bíblico, Tamar, igualmente a Lozana, utilizó su astucia para engañar a un hombre. En su caso se trata de su suegro, Yehuda, quien se acostó con ella pensando que era prostituta. De hecho, en esta primera mención bíblica del término “prostituta”, aparecen ambas características: disimulación y astucia. ¿Pudo Delicado conocer esta palabra?, quizá de su propio origen bíblico hebreo, o frecuentando judíos o cripto-judíos, si bien es un dato que escapa a una verificación unívoca.


[1] Traducción en español: “Entonces ella se quitó su vestido de viudez, se cubrió con un velo, se envolvió con un manto y se sentó a la entrada de Enaim, que está junto al camino de Timnat, porque veía que Sela había crecido, pero que ella no le había sido dada por mujer. Entonces la vio Judá y pensó que era una prostituta, porque había cubierto su cara. Y se apartó del camino hacia ella y le dijo: –Por favor, deja que me una a ti. Pues no sabía que ella era su nuera. Y ella dijo: –¿Qué me darás si te unes a mí? El respondió: –Yo te enviaré un cabrito del rebaño. Ella le dijo: –Tienes que darme una prenda hasta que me lo envíes. Y él le dijo: –¿Qué prenda te daré? Ella le respondió: –Tu anillo, tu cordón y el bastón que llevas en la mano. El se los dio y se unió a ella, y ella concibió de él.” (Génesis 38, 14-18). La traducción está sacada del sitio web http://www.godonthe.net/la_biblia/bibletoc.htm, la Biblia en Español, ed. Reina-Valera 1909.

[gracias Hila, por tu idea y la conversación que generó tal reflexión, siempre una valiente compatriota al juego (¿arte?) neologístico]