Un punto sobre corrupción y abuso del poder

En una época de gritos contra la corrupción y el abuso del poder, hay que recordar que en primer lugar, muchos de los abusos son reacciones o actuaciones que bajo ciertas circunstancias es el razonamiento de las personas lo que les está permitiendo seguir adelante con la surgida oportunidad. Es decir, es esta línea limítrofe entre lo aceptable por el rango y lo abuso por lo mismo que basta con una buena explicación para cruzarla. Aunque no se trata de la culpa, ni del sentimiento de culpación.

justicia-corrupta

La costumbre de juzgar tras simples denuncias generó desconfianza en la veracidad y la eficacia del sistema inquisitorial. De tal forma culparon a algunos inquisidores que tras falsas y ridículas denuncias, se aprovecharon para juzgar severamente sin suficientes pruebas solo para devolver un favor, hacerse un deudor o, lo que fue la menuda ocasión, solo hacer lo necesario para recibir el “justo” pago para sus servicios. En un manuscrito del 16 de febrero del año 1646, un anónimo decidió enviar una queja al rey diciendo lo siguiente:

“Habiendo dado V, M. forma en el fuero de la milicia reduciendo su privilegio al lugar, y calidades con que le deben gozar; es de igual conveniencia y necesidad reformar los abusos que se han introducido por los ministros, y oficiales de la Inquisición con pretexto de privilegio, en perjuicio de las ventas reales desconsuelo de los vasallos de V. M. y perturbación de la paz pública. […] Los inquisidores contravienen a ambas leyes, visando de pena espiritual en materia temporal, como lo son los privilegios reales que obtuvieron por gracia de V. M. contra legar de la jurisdicción real, y en causa profana.”[1]

Como se puede notar, los provechos no eran solamente de dinero y de material. Muchas veces se trataba de cuestiones de jurisdicción y poder. Así, para aumentar la influencia y el alcance de su autoridad, el Santo Oficio precipitó con falsas denuncias gastaron el bien público e implantaron miedo. Nos cuenta el autor de este manuscrito:

“Y estos días se ha dado cuenta al Consejo de que un comisario del Santo Oficio hizo prender en Jerez de la Frontera a un carnicero y le multó en diez ducados por decir no le había dado buena carne, y no contentó con esto escribió el caso a la Inquisición de Sevilla, y mandó parecer al carnicero en el Tribunal, con que quedara notado el y su linaje; así se abusa de la Jurisdicción, y se pone por cuenta de la fe antojársele a un comisario que no se le da la carne como el quiere.”[2]

Es difícil decir exactamente hasta qué medida y profundidad se extendió la corrupción de los inquisidores. Tras leer distintos casos, se puede imaginar que eran de una gran escala ya que la cantidad de bienes que se quedaron en manos inquisitoriales era inmensa. De hecho, en ciertos casos se recalca la relación que tiene la continua detención en la mazmorra con el pago de sumos importantes de dinero y beneficios.

Tal forma de “justicia” ha sido implícitamente aceptada por ciertos círculos ya que se extendían los escritos relacionando el poder, el dinero, y el judío (en los casos donde se trataba de ello). Por tanto, si se trata simplemente de quitar el dinero para impedir al mal conquistar el mundo (sin mencionar el pequeño detalle que el mismo se queda con este dinero para “usarlo mejor”), será realmente corrupción del poder o llevar a cabo un buena iniciativa complementaria.


[1] AHN, leg. 7122, número 47.

[2] AHN, leg. 7122, número 48.

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