Conflictos de las investiduras politerarias

A menudo me planteo la importancia de los enlaces históricos entre la literatura, la política y, dependiente de la época en cuestión, la religión (aunque no se trata de la religión como dogma sino el peso cultural-religioso que siente el protagonista de la dicha reflexión). Suele pasar también que al plantear las mismas en viva voce, me contestan en varias formas (normalmente según la manera en la que había planteado el dilema). O sea, si hablo de un caso en concreto, me dicen: claro, por supuesto que esto se relaciona fuertemente con aquello. No obstante, al hablar de una forma más general, las mismas personas pueden negar y concluir mis dilemas que un confuso capillo tracte y falta de conocimiento del tema (algo que no puedo negar ya que el conocimiento del tema en completo es, prácticamente, imposible).

Sí, nada nuevo bajo los cielos azules, tratar un tema de forma concreta de un acontecimiento concreto es tratar hechos, nombres, apoyos históricos pero hablar en general es hablar por hablar y difícil abarcar. Por tanto, intento decidir si esta entrada será primera parte para este general, universal, global, o bien, única reflexión, hecho concreto. Difícil saberlo.

El asunto elegido, relacionado con lo arriba mencionado, es una reflexión que empezó gracias a una intresante conversación con mi amiga Alessia de filología italiana de la universidad de Siena (compañera de curso de verano en Poitiers). Se trata de uno de los múltiples conflictos para el poder y, más importante para nosotros, sus consecuencias sobre el mundo literario cultural en el que vivimos desde entonces. Es uno de muchos conflictos que simbolizaron el enfrentamiento entre papas y reyes católicos, entre papas y la clase burguesa creciente, y en general entre focos distintos de poder con preferencias y perspectivas opuestas.

Sin más dilación se trata de lo ocurrido en la ciudad de Florencia alrededor de 1300. En aquella época esta parte de Italia fue controlada por dos casas, Guelfi y Guibellini. Éste fue para el Papa y aquel para el control de la monarquía.

En el año 1300, Guelfi, que tenía el control en la ciudad de Florencia, se dividió en dos, Il Bianchi e Il Neri (el blanco y el negro): Il Bianchi fueron la burguesía y a favor de una Firenze independiente, e Il Neri fueron la aristocracia y aspiraban para Firenze controlada por el Papa.

Blanco contra el negro, burguesía contra la aristocracia e independiente contra centralizada y autonomizada.

Los famosos literatos, sobre todo en aquella época , eran políticamente activos con una fuerte opinión y postura. Entre los famosos vivieron los dos amigos Dante Alighieri y Guido Cavalcanti que compartían su afán a la poesía y a la escritura pero, al mismo tiempo, se encontraban opuestos en las preferencias políticas. Al final, como suelo pasar en cualquier historia de drama y pasión, los amigos se acabaron separando por la polémica política. Dante fue con Bianchi y Cavalcanti apoyó a los Neri. Alrededor de 1300-1302 el Papa, Bonifacio VIII, aliado con Carlos de Valois (quien por su parte quiso inclinar el poder europeo hacia la nobleza), ganó el control de la ciudad. Como resultado, mucha gente de influencia, entre ella se encontró Dante, ya un famoso poeta de influencia, fue exiliada.

Ahora bien, por perder su posición en la magnífica capital cultural, la poesía de Dante deja su puesto en el best seller a poesía con nuevo matiz. Ya no se trata de la amada contenta por la tristeza de su amante porqué así este último muestra su perenne amor, a partir de estos años de cambio, la amada se queda inalcanzable y la corriente de lo que conocemos como Dolce Stil Novo, concretizado por Petrarca, empieza. No se puede saber por certeza que hubiera pasado si los burgueses blancos Guelfi, hubieran ganado el control sobre la ciudad, evidentemente no en cuanto a materia de la historia política y tampoco dentro de este mundo literario. Un mundo cuyo Dolce Stil Novo y la Divina Comedia siguen siendo vigentes y palpables incluso hasta hoy en día.

No nos queda sino meditar la pregunta qué hubiera pasado con una poesía de Dante, de convicciones morales y políticos, al no acabar tan desilusionado de la política o de un Petrarca, todavía envuelto en sí, sensual y aislado, no tan renombrado y popular. ¿Quién de las damas alabaríamos más hoy en día, la santificada Beatrice o la inalcanzable Laura?

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