El hijo sagrado

El matrimonio es la seguridad del hogar, el lugar sagrado, la confianza y el bien estar. Sin embargo, como cualquier otro aspecto de la vida, a veces la confusión puede generar episodios que por su parte pueden provocar cierto humor (por lo menos para los vecinos o espectadores). Una posible manera que propone Juan de Mal Lara para tratar con la inconveniencia de un adulterio a punto de ser revelado, es en la siguiente historia:

“Una mujer casó con un hombre, no muy entendido cavador, que viendo las ganancias de los mercaderes, determinó de pasar a Flandes ir a ganar algo, dejando la mujer pobre, sin ropa, moza, de buen gesto y sin hijos, la cual, yéndose su marido, tomó amistad con un hombre rico que llamaba compadre. Y de ahí a siete años volvió el marido, y entró en su casa, recibido bien, al parecer, de la mujer, después de algunas pláticas miró la cama bien arreada y preguntó a su mujer de qué lo había ganado. Ella respondió que la gracia de Dios se lo había dado. Y así fue discurriendo por arcas y mesas, vestidos que tenía, y él alzaba las manos dando gracia a Dios, hasta que entró un niño de más de seis años, que le dijo su mujer:

–          Ve a besar la mano a tu padre.

El niño fue, y el buen hombre dijo:

–          ¿Quién os dio este hijo?

La mujer dijo que la gracia de Dios. El marido, enojado con la gracia, y no de Dios, dijo cierta blasfemia, y allí comenzó a decir:

–          ¿Cómo es posible que vos tengáis hijos sin mí?

Ella, sosegada, dijo:

–          ¿Y vos, hermano, podéoslo tener sin mí?

–          Sí, respondió él.

–          Pues así, dijo ella, me vino a mí, y es vuestro hijo.

–          ¿Cómo puede ser? Decía el marido.

–          Sí puede ser, dijo ella. ¿Yo no soy vuestra mujer? ¿No somos ambos una carne? ¿Esas gracias son las que dais a Dios? ¿Qué traéis vos, después de haberos holgado para allá?

El marido todavía decía:

–          No lo entiendo. Sin mí habido ¿el hijo es mío? No sé.

–          Más puede hacer Dios que esto, decía la mujer.

El marido callaba.

–          ¿Qué decís a esto, decía la mujer, mal hombre, *que más puede hacer Dios?”

                                                                                                                                                   Filosofía vulgar,
Juan de Mal Lara (1524-1571)

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