¿El final de La mayor confusión como un pronunciamiento ético?

En el mundo religioso surgen a menudo preguntas que evocan el Bien y el Mal, lo que se puede hacer y lo que está prohibido, y si está prohibido ¿cuál será el castigo? ¿Qué sucede a una persona que pecó sin saber? Juan Pérez de Montalbán contesta que nada si el perdón viene condicionado. En efecto, su novela La Mayor Confusión trata precisamente de esta cuestión. A base de una historia contada mediante 2.5 generaciones, vemos como don Félix se encuentra frente a una realidad espantosa (según la percepción moralista de nuestra sociedad occidental) en la cual está con su mujer que es a la vez su hija y su hermana. Es la cúspide de la relación incestuosa.

La función moralizante alrededor del incesto no es muy simple. Ya que la endogamia cercana y más apartada existe desde siempre especialmente dentro de las familias reales (principalmente para mantener el poder en la familia). A lo largo de la historia encontramos pruebas de consecuencias de sucesivos matrimonios consanguíneos (un ejemplo famoso es del hijo de Felipe II Carlos o de Carlos II de Habsburgo, que desafortunadamente por él, fue bien marcado por los rasgos de la inconveniencia de esta aproximación sanguínea). Además, existían culturas donde las relaciones incestuosas están aceptadas (fue así en algunos tribus enla Américaprecolombina, otros en Tíbet etc.). Otro ejemplo famoso es la historia de Edipo quien no tuvo la misma suerte que don Félix (su moral personal fue la expresión de la tragedia griega).

En el final de la novela Montalbán utiliza un campo léxico bastante negativo, palabras como: “lastimaba”, “deshonra”, “crueldad”, “embelesado, ofendido de tristes” etc. Éste nos incita a anticipar un final trágico. No obstante, Montalbán da un giro en las últimas líneas y manifiesta todo lo contrario. Después de una consulta con el poder religioso y judicial don Félix parece que va a tener un final feliz. Por ello, pasamos en espacio de varias líneas de “el triste don Félix en todo hallaba inconvenientes y dificultades” a “podría seguramente gozar de la hermosa Diana” y de “culpa en el delito” a “contentos y conformes”. Por lo tanto, en este fin encontramos una confusión entre el pecado, la culpa, el castigo y final feliz que es aún más que la confusión presentada por el autor en cuanto a las interacciones todo a lo largo del texto.

Tanner* alude a que nosotros mismos somos quienes elegimos lo que es moral o no. Es decir, según nuestra cultura y entendimientos podemos acomodarnos de lo que calificamos como conceptos moralizantes, o mejor dicho, como una ética. Así que si no existe una ley escrita en cuanto a nuestro deber moral quién puede decidir sino la representación de lo justo y divino en forma de los representantes de Dios y de la justicia (para la gente creyente por supuesto). Conforme a esta rápida y bastante superficial conclusión volvemos a nuestra historia del honorable don Félix y la bella Diana, donde nos podemos preguntar ¿Por qué y cómo don Félix puede seguir viviendo esta realidad ya que conoce la verdad? La respuesta puede ser, simple y sencillamente, porque tuvieron hijos. La continuación de la sangre, la ley de procrear convence aquí la desgracia y la vergüenza, la ignominia que contamina la conciencia del héroe. Otra posibilidad, mucho más lejana, es un mensaje implícito que Montalbán quiso pasar, mensaje relacionado con su supuesto origen judío y los castigos que siguen por generaciones infligidos sobre todo por la Inquisición.

De todo modo es interesante percatar el paralelismo con los primeros pecadores, Adán y Eva, que como existe una continuación (en la forma de los hijos) se puede seguir adelante y mantener el poder cuantitativo de la humanidad. En efecto, el final es muy parecido a la historia de la humanidad, después de todo ¿no somos todos hermanos?

* Tanner, Michael, “Ethics and Esthetics are-“, in Art and Morality, Sebastian Gardner and José Luis Bermúdez (eds.), London and New York, 2006, pp. 19-36.

** Trabajo de curso Pícaros, Enamorados y Locos en la Literatura de Conversos, por Ruth Fine, 2009

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