Viaje diacrónico en el arte pictórico, parte II

El arte Románico Bizantino
El arte Románico nació alrededor del año 1000 y abarca hasta el año 1250. Hasta el año 1000 los pintores y escultores se mantuvieron fieles a la tradición del decorado geométrico y vegetal que había caracterizado la Alta Edad Media. Pasado el año 1000 se inicia la larga historia de la decoración historiada en las iglesias del Occidente con la introducción de las figuras humanas más o menos reservando la misma idea de representación que en Bizancio.
El arte se producía primero con la finalidad de trasmitir la cultura religiosa e informar a los fieles, sobre todo exaltando la Fe (por eso se rechaza la representación verista, porque Dios no es de este mundo). El arte se convierte en una mera técnica narrativa y expresiva que sigue cánones, normas predefinidas que estaban establecidas por poderes superiores (políticos y religiosos).
A lo largo de la Edad Media el arte no busca lo original, todos los artistas siguen y respetan modelos y tópicos que respetan las indicaciones de los evangelios. El mecenas pedía al artista imitación, que reprodujera un modelo artesanal.

La Temática
Cualquiera que sea el modo de representación, el románico siempre se dedica a la enseñanza de la vida espiritual, enseñanza relativa a la meta final, a la vida celeste. El tema de la muerte, el paso de la vida terrestre a la vida celeste, entre lo visible y lo invisible son temas relacionados con redención, la ascensión de Cristo, el Juicio Final y la elección de los réprobos y de los justos. Además, siempre se añade la figura del Cristo en Gloria, tema central del arte Románico.
Cataluña representa uno de los grandes centros artísticos románicos. Especialmente la pintura es inigualada en Europa tanto por su calidad como por la cantidad de sus obras: pintura de manuscritos, con las riquísimas biblias iluminadas de Ripoll, San Pere de Roda y otras; pintura sobre madera, como los retablos historiados de Bohí, Lluçà, Sant Martí sescorts etc. En la pintura mural, Cataluña se convierte en el centro de Europa. Obras como las composiciones de Santa María y Sant Climent de Taüll (o Tahull) (Imagen arriba a la izquierda, Cristo Pantocrator, 1123) o Sant Pere d`Urgell se encuentran entre los retablos pictóricos más admirables del siglo XII.
Los sujetos recurrentes son los evangelistas, Los ángeles y arcángeles, querubines y serafines. Sin embargo, también aparecen estatuas de los santos titulados y a partir del siglo XII aparecen escenas que contribuyen a la dramatización de la Pasión de Cristo (crucifixión, descendimiento de la cruz), acontecimientos que conducen a Cristo a la muerte.
Por otra parte, los soportes privilegiados en una Iglesia son: los manuscritos (beatos, códices); los muros; los ábsides; las bóvedas. Y en cuanto a Los frontales de altar: tablas de madera (existieron también muchas más ricas, tablas de oro, plata y esmalte) que se colocan delante del altar. La parte superior, el “Ciborium” o “Baldaquín” sacraliza aún más el conjunto.
Por ejemplo: La Virgen María con el niño; Virgen del siglo XIII; Baldaquín de San Cristófol de Toses, siglo XIII; El Baldaquín de San Martí de Toses; Frontal de altar del Apostolado s.XII, en 3 partes; Frontal de Baltarga (igual para Cristo y tetramorfo); Altar de Durro, finales del siglo XII (imagen abajo en el centro); Frontal de Avia (1170-1190); Las representaciones sagradas dentro de la Iglesia.

La Composición Global
La meta del artista medieval no consistía en crear imágenes fieles a la realidad sino en comunicar la letra y el espíritu de la Santa Historia: contar con la mayor economía de medios y dirigiendo la atención hacia lo importante. Las consecuencias son: no se representa el lugar donde ocurren las escenas; las figuras principales se colocan delante de un fondo liso (luminoso a menudo, a veces dorado) en que destaca la escena; el fondo es una superficie convencional que tiende a señalar el sentido profundo de la escena; escenas desligadas de lo cotidiano (tiende al universal).
El fondo liso no permite profundidad, así que en general no existe la noción de paisaje o de ambiente. Salvo varias excepciones: a veces un segundo plano está presente bajo una figuración arquitectural y muy a menudo recalca la escena, creando una imagen dentro de la imagen. O sea, que tiene también una función simbólica, la de la promesa de la salvación divina. El elemento arquitectural remite siempre a la arquitectura celeste (por ejemplo: la fuente del paraíso; la ciudad remite a Jerusalén). Muy a menudo omiten los elementos arquitectónicos de las iglesias ya que por sinécdoque pensamos en la Iglesia como el cielo.
Existe una dicotomía en el espacio como temática de la vida a la muerte y del paso de la vida terrestre a la vida celeste. Una ventaja es renunciar a un arte que representaría la naturaleza y abre muchas perspectivas para el artista que, de su parte, queda exento de la ilusión temporal, espacial y representación dramática. Es decir, superponer varias escenas en una misma representación.
El artista, libre de disponer las formas, los signos y las figuras en un sentido legible  finalmente creaba una forma de escritura, ya que la pintura puede ser una suma de signos significantes. La pintura se convierte en un mensaje legible y simbólico. Además tenía la posibilidad de recalcar distintas escenas en una misma representación. Como en el Arte Gótico y Románico, hay distintas escenas y tiempos sobre un mismo frente de altar: el nacimiento de Cristo; el anuncio a los pastores; la adoración de los Reyes y más.
Se trata de un espacio diacrónico no secuencial ya que no existen divisiones que establecían separaciones entre las escenas; éstas son homogéneas. Se ve, además, cómo se expresa en los retablos y en los frontales de altar, que son espacios diacrónicos secuenciales, heterogéneos. Las distintas escenas están separadas por los arcos.

El Estilo es

  • anti-naturalista,
  • se eliminan todos los elementos de representación naturalista: volumen, luz, sombra, profundidad; espacio y tiempo abstractos;
  • colores que se extienden en superficies continúas sin matices. Se privilegian los colores amarillos y encarnados (púrpura, rojo). De hecho, sólo a partir del siglo XIII se orienta hacia los azules.
  • gradaciones que vienen limitadas por líneas perfectamente definidas (trazos negros, marrones).
  • prescinde de los detalles, pormenores; lo estiliza todo (elimina todos los detalles que podrían remitir a lo cotidiano ya que la meta es de representar la eternidad).
  • figuras en rigidez solemne, los rostros muy alargados y estilizados.
  • hay un hieratismo que nutre la sacralización de las escenas
  • la frontalidad de las perspectivas, la simetría axial de la representación de Cristo.


Si el arte Románico tiende a la estilización, el arte Español acentúa la rigidez y estiliza lo ya estilizado (se debe a la influencia mozárabe). A partir del siglo XII se multiplicaron las cruzadas y se establecieron con el arte Bizantino. Así que volvió este aspecto solemne y rígido. El arte Bizantino nunca sintió la necesidad de evolución. Sin embargo, el arte del Occidente sí que evolucionó, una evolución que dio lugar al arte Gótico.

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