Vuestros ojos divinales, el poder del ojo

Dicen de los ojos que son la puerta del alma, que al mirar fijamente en los ojos de una persona se puede revelar su verdadera forma, bajo el maquillaje (si tiene), las gafas, las expresiones, la timidez, la avaricia, la bondad, el juego, la mentira, la actuación, la función, la necesidad, el deseo, la pretensión y la verdad. Una persona sólo puede esconderse si no le fijan en sus ojos.

El ojo es el símbolo de la inteligencia y del espíritu. En el diccionario de símbolos de Cirlot el “ojo divino”, llamado Ouadza entre los antiguos egipcios, simboliza “al que alimenta el fuego sagrado o la inteligencia en el hombre”. No es sorprendente entonces que, en la mitología, el tercer ojo siempre se sitúa en la frente, es la apertura al cerebro, es la comunicación directa del cerebro con el mundo exterior, la iluminación (i.e. Shiva, en la tradición Hindú). Los 3 ojos son la perfecta armonía, dos físicos que ven y uno que es la conciencia, la reflexión. Tener sólo un ojo significa el poder destructivo (Cíclope, poder supernatural que destruye el hombre), 4 ojos o más, son múltiples ojos que se relacionan con la oscuridad que entenebrece el corazón del hombre. De tal forma, mediante 2 ojos que miran y uno que comunica, que interactúa con el mundo nos podemos acercar a una armonía divina.

El cristalino sostenido por las fibras zonulares y regulado por el iris permite a los ejes visual y óptico penetrar el humor vítreo y mandar ondas eléctricas al cerebro, contándole una historia, una perspectiva, una realidad. El ojo es un músculo, pero uno de los más maravillosos, el ojo es la parte más neutral e inocente en nuestro proceso de formar el mundo en que vivimos. El ojo ve todo pero no es el ojo que distingue entre bien y mal, feo y bello, no es el ojo que nos cuenta verdades, mentiras, reacciones e interactuaciones. De la retina a la esclerótica, el ojo ve todo en dos dimensiones y es nuestro cerebro que completa el tercero, que adivina (muchas veces mal) lo que debe existir en aquella oculta tercera dimensión, detrás de la ventana, el volumen de la cara, qué rica sería esta manzana.

En un manuscrito anónimo he tropezado con un poema escrito alrededor de los años cuarenta del siglo XVII. En un tiempo trastornado con decadencia, guerras, crisis económica, algunos encontraron un momento para pensar en la belleza, la belleza de tus ojos.

Vuestros ojos divinales
de mi podes asconder
por que no merecen ser
vistos de ojos mortales
estos ojos corporales
podrían dejar de veros
mas no el alma de quereros.

Aun mirando os cara a cara
pierdo el ver esta conquista
porque me privan la vista
los Rayos de vuestra cara
esto solo me bastara
señora sin (m)as con(s)ejos
del que siempre ha de quereros.

Del placer podes privarme
que tengo con mis enojos
y de la luz de mis ojos
apodar de no mirarme
acabareis con matarme
lo que no temo ofenderos
mas no da el quereros.

Sobre mi bien y mi mal
mi sentido y mi razón
mi vida y mi corazón
tenéis poder general
podes al alma inmortal
hacer cien mil de sus fueros
mas no dejar de quereros.

[BNF, Esp 372 • F. 324]

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