El papel de la mujer en la “Cárcel de Amor” y las obras celestinescas

La obra epistolar Cárcel de Amor, escrita por Diego de San Pedro, es una alegoría del sentimiento amoroso. La Cárcel significa estar en un lugar donde existen muchas leyes que nos conducen a estar en condiciones a veces insoportables y difíciles que impiden mantener un equilibrio razonable. Pierre Heugas-Lacoste ha llegado a considerar las primeras obras celestinescas (especialmente La Celestina y Cárcel de Amor) como “Breviarios del amor aristocrástico en tiempos de los Reyes Católicos”. Me parece que el uso de la palabra “Breviario” sirve para aludir al estilo o formato literario, “amor aristocrático” para la noción de historias amorosas teatrales y entretejidas y “tiempos de los Reyes Católicos” nos recuerda el peso religioso, severo y riguroso sobre la sociedad. Francisco Herrera cita a Domínguez Ortiz en su artículo: “la exacerbación del sentimiento del honor llegó a tomar proporciones de psicosis colectiva”.

Ahora bien, Diego de San Pedro en su sermón se dirige a un objeto animado femenino, es decir, a las mujeres (porque deseaban oirle predicar). En efecto, hasta hoy en día las mujeres respectivamente reciben un lugar importante en la definición del diccionario de la academia española de las palabras relacionadas al termino “honor”. Es decir, si las tres primeras definiciones en la palabra “honra” y las dos primeras en “honor” no se dirigen a un sexo en particular, pero la definición que sigue se destina únicamente a las mujeres[1]. Así que, la descendencia de Eva tiene un rol especial en guardar el orden social relativo a la conducta personal. De hecho, en la religión Judía las mujeres se esconden en las sinagogas de forma que ellas pueden ver a los hombres pero no vice versa; en la musulmana no solamente tapan su cabellera sino toda su cara y cuerpo; los cristianos quemaban miles de mujeres por tener aspecto seductor. Todo aquello tiene supuestamente una meta final de seguir controlando el orden social disminuyendo la “distracción” femenina en estas sociedades patriarcales. De tal forma que para San Pedro, el castigo que debe ser infligido a cualquiera que peque o pierde su honor es evidente. A los hombres les castigaran los cielos pero en cuanto a las mujeres, sólo se salvaran mediante la muerte, infligida por otro o por ellas mismas suicidándose.

Por consiguiente debemos darnos cuanta de los resultados: la razón del mal no es sino la mujer (Melibea, Laureola, Polandria y todas las doncellas de las obras celestinescas) y el resultado es el castigo final, la muerte. San Pedro dice: “Más que la muerte se debe temer la fama de la amiga”. Es una moraleja que aconseja a los hombres, entre los cuales Calisto, Leriano y Felides, que no son sino esclavos de su instinto primario.


[1] la tercera definición de las diez acepciones de la palabra honor – 3. m. Honestidad y recato en las mujeres, y buena opinión que se granjean con estas virtudes.

[trabajo de maestría bajo la dirección de la prof. Ruth Fine, 2009]

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