Reflexiones y trabajos críticos recientes sobre la figura de Olivares (y algo más)

El Conde Duque de Olivares no tuvo muchos momentos gloriosos de respeto y admiración. Sin embargo, su constante e incansable trabajo dio algunos resultados que hicieron olvidar momentáneamente el odio general y llegaron a ser consideradas verdaderas hazañas. Por ejemplo, sus triunfos militares en Génova y Cádiz y además de varias victorias marítimas contra los holandeses, la política de Olivares se mostró especialmente hábil en una ciudad a casi 3000 kilómetros de Madrid. En 1625, bajo el mando de Ambrosio Spínola, cayó en manos españolas la ciudad de Breda, puerta marítima principal a los Países Bajos. Este hecho le va a significar la definitiva admiración de su rey, el joven Felipe IV. De hecho, nueve años más tarde, el rey mostró su respeto a su especial ministro permitiendo que el pintor real, Diego de Velázquez, lo representara en un motivo pictórico reservado a reyes y emperadores. Una apoteosis de poder y autoridad.

En el retrato ecuestre del Conde-Duque, el ministro aparece representado con los símbolos de poder, elementos que engloban sus diferentes funciones, como por ejemplo: Corcel de paradas ceremoniales, el cetro de mando (también puede llamarse bastón o bengala, según quién interprete). El símbolo del poder en la mano derecha tiene una doble función: como bastón en que apoyarse y como instrumento de castigo. En la mano izquierda, el valido está tomando las riendas del gobierno, metafóricamente hablando. Tal posición muestra una gran capacidad de llevar adelante y manejar su propio pueblo al mismo tiempo de castigar al enemigo. El caballo está en corveta regia, dinámico y preparado a lanzarse adelante. Si el espectador se fija más allá en el horizonte en la dirección del caballo se puede notar algo en forma de nubes de humo, resultado de un gran incendio. Tal escena puede ser una alusión a la gran victoria de los españoles sobre la ciudad de Breda nueve años antes (1625), un marco prestigioso en la vida del gran valido.

Otro punto curioso es la interacción con el cuadro de Felipe IV: se sugiere que Velázquez realizó los dos retratos ecuestres (de Olivares y el rey) pensando en los dos colgados uno al lado del otro de tal manera que uno parecía el reflejo del otro. La única distinción es que el rey está representado en una posición más erguida y digna un poco más alto que su favorito. Aunque el retrato de Felipe IV se colgó haciendo pareja con el de Isabel de Borbón en una de las paredes del salón de Reinos (el retrato de Olivares nunca apareció en la famosa sala), lugar reservado a la familia real, pintarlo ecuestre quizá refleje que el rey lo relacionaba como parte de ella.

Los elementos casi idénticos que aparecen en los dos cuadros pueden afirmar tal sugerencia. Como por ejemplo el árbol erecto detrás de su figura (aunque en el cuadro del rey aparece más floreciente y verde comparado con la escasez económica de hojas en el árbol de Olivares); el hecho de estar con el caballo en corveta en lo alto de una colina, un lugar muy estratégico mostrando sus capacidades militares; y quizá el elemento más curioso, la roca en la parte izquierda baja en los dos retratos. Una roca con un papel o pañuelo blanco puesto sobre ella. De hecho, en el retrato del rey parece que los números “248” están escritos sobre ella (gracias a Gemma Cobo, bella becaria en el prestigioso prado, ahora sé que ésto no es más que el número de uno de los inventarios de Palacio).

El exquisito trabajo de Velázquez da mayor viveza al cuadro y alto grado de verismo. Ha conseguido un equilibrio majestuoso de dinámica y firmeza. Dinámica necesaria para la batalla y la firmeza decisiva de un general, señor de la guerra.

Sin embargo, con los años han aparecido más interpretaciones. Una de las más ácidas es del crítico J. Mota (2011) en la cual, el investigador insiste de un lado de la grandeza de la figura del valido y del otro le maldice. Mota destaca en su análisis el hecho de que el Conde Duque fue una posible causa y agravamiento de la crisis económica y que era muy distante del pueblo, guardándose lejano y con una actitud soberbia y desigual. Mota sigue con su propia interpretación del cuadro famoso incitando que la causa de la posición en corveta del caballo era por el peso del ministro. Además, insiste en que el animal acabó siendo un caballo percherón arrastrando toros muertos de la arena. No obstante, la crítica más feroz sobre el valido es sobre su vestimenta, cuando repara en que lleva “zapatos de muñeca”.

 

Shai Cohen

* Gracias a José Mota y a Olivares por su amable participación.
* Mis sinceros agradecimientos a Joaquín (el chapetón) y a la bloguera más talentosa Davinia (Cantando finezas...)
* Un comentario sobre Velázquez y algunos de sus obras ve entrada de Alejandro Loeza:

2 comentarios

  1. […] Ícono del poder asociado al valido, este cuadro representa una serie de analogías con el liderazgo de la España de principios del siglo XVII. Velázquez dota de las características de mando, control y poder político (en conjunto con el liderazgo militar) del Conde-Duque de Olivares, haciendolo parecer arrogante y soberbio. Figura controvertida, el Conde – Duque de Olivares está retratado en directa asociación con el poder político de la época. Este magnífico cuadro y otros relativos a Felipe IV, es comentado de forma mucho más completa y extraordinaria por Shai Cohen en la entrada “Reflexiones y trabajos críticos recientes sobre la figura de Olivares (y algo más)“. […]

  2. […] Reflexiones y trabajos críticos recientes sobre la figura de Olivares (y algo más) de S. Cohen […]

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