La imagen de América y la interacción con el Occidente

Cuando Amerigo Vespucci dibujó el recién hallado continente nadie pensó que su nombre va a ser el significante, lingüísticamente hablando, de un mundo lleno de inmensurables culturas y riquezas. Este nombre nos sirve aquí como la alegoría para una de las protagonistas en el auto sacramental de Sor Juana Inés de la Cruz “El Divino Narciso”. En efecto, vemos como la América contiene el carácter del continente y sus habitantes precolombinos. Además podemos notar el hecho de que al utilizar el nombre La América para la alegoría del continente americana ella ya está creando un sincretismo entre las dos culturas. Antes que empecemos con el análisis es importante recalcar el aspecto didáctico de la obra, un aspecto muy conocido en diferentes obras durante esa época (el siglo de oro español). Aspecto didáctico por los destinatarios de la obra, Según Carmela Zanelli El Divino Narciso y su loa fueron escritos para el público madrileño. Es decir, personas que no conocen ni el continente ni sus habitantes. Además, el hecho de que la obra fue presentada en forma oral también contribuyó al público indio.

Ahora bien, desde su primera replica vemos como la América engendra todos sus pueblos al hablar en la primera persona en plural, sus riquezas naturales (“abundancia de los frutos … abundara en su oro de sus minas”) y la sociedad (monarquía). Lo que nos da una idea clara de la América precolombina, una imagen positiva, el “paraíso Terrestre” de Cristóbal Colón. Esta imagen que nos acompaña desde el principio y que la Religión y el Celo quieren “civilizar” a su modo de ser o de provecho. Podemos añadir un rasgo importante que Sor Juana quiere recalcar es también el orgullo de la América, esta América fiera que en el Dramatis Personae la calificó como “india bizarra”. Su carácter sin duda añade cierta comicidad a la obra.

La comicidad se intensifica principalmente por la presencia de su compañero, es decir, el Occidente. Este último presenta más bien el atónito, el respetable, el que recibe a los extranjeros mitad con admiración mitad con susto. De hecho para entender mejor podemos compararlo al rey Moctezuma II en su encuentro con Hernán Cortés cuando el primero, según una antigua leyenda, pensó que Cortés es un Dios blanco y barbudo que escapó durante la gran guerra sólo para revenir un día del este. Sabiendo esto podemos entender mejor su carácter y la interacción con la América (puede presentar el pueblo indio fiero y en desacuerdo con su rey y su carácter débil), que a su vez no confía ni quiere la presencia de esos extranjeros arrogantes.

Estos extranjeros (el papel la Religión y el Celo) representan a “los bárbaros de este” (versos 110-112) y sus ambiciones de cumplir con el sueño de la Unitas Christiana en el mundo entero. Sin embargo, el final apoteósico de este encuentro entre el Vetus et Novus Mundi con la retoma de la figura del Dios de las Semillas nos muestra la confusión que no paró de existir entre las dos culturas y religiones, es decir, el sincretismo. O sea, fue el constante embrollo entre la Religión y la América nativa que causó tantos enfrentamientos sangrientos. Así que, para interpretar mejor el papel de la América no podemos sino citar una famosísima frase de Ernesto Che Guevara: “Prefiero morir de pie que vivir siempre arrodillado”.

Shai Cohen

[trabajo de maestría bajo la dirección de la prof. Ruth Fine, 2008]

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